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Goleada contra el sentido común

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Imagen de una favela brasileña. El contraste entre miseria y opulencia.
Imagen de una favela brasileña. El contraste entre miseria y opulencia.

Por José Rodríguez / @osoldu

Ocurre cada cuatro años. Es un fenómeno global que paraliza al mundo. Millones de personas esperan su llegada y otras miles tienen la oportunidad de seguirlo en vivo. Es pasión. Una fiesta que supone hermandad. En ella, las fronteras y la geopolítica pasan a segundo o tercer plano.

Es que si pasas gran parte de tu tiempo libre relacionado con algo en particular, te conviertes en un gran aficionado, en un verdadero hincha. Si entre tus programas favoritos de televisión están sus eventos especiales, si lo practicas en una cancha de barrio o en juegos de video y admiras a quienes lo hacen profesionalmente, eres en serio un fanático. Eso es para mí el fútbol.

Pero un mundial de fútbol es el punto más alto, ese lugar donde todos quieren estar. Es una muestra de diversidad cultural, todos perseguimos el mismo fin y nos convertimos en uno solo. Nadie quiere que termine pues debe esperar nuevamente cuatro años para revivirlo y eso es una eternidad. Desde muy pequeño lo vivo. He aprendido lo que es la pasión gracias a lo que ha significado para mí ser hincha de un equipo local: la Liga Deportiva Universitaria de Quito, y ahora miro hacia Brasil con esa pasión colmándome el pecho.

 

Pero…

El país amazónico actualmente gobernado por Dilma Rousseff se ha convertido en uno de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), es decir, una de las potencias económicas emergentes con mayor proyección internacional.

Brasil cuenta con una de las mayores reservas hidrocarburíferas off-shore de todo el mundo, en el campo petrolero Tupí, ubicado a 250 km del territorio continental y bajo las aguas del océano Atlántico. Allí existen reservas probadas que ascienden a 8 billones de barriles de oro negro y gas natural, aproximadamente. Además, Petrobras descubrió el campo Júpiter, que puede tener entre 5 y 8 billones de barriles de gas natural y petróleo condensado (muy ligero), y que se encuentra a 37 km de Tupí. Solamente con los ingresos derivados de esos campos petroleros, tomando en cuenta que el precio actual del barril de petróleo crece a un promedio de 8,44% este año y que se ubica en alrededor de $104, se podría hablar de una incalculable bonanza económica que convertiría a Brasil en uno de los sitios ideales del planeta para albergar el Mundial y los Juegos Olímpicos, que en 2016 también se llevarán a cabo allí.

Pero, el país de las grandes metrópolis y los recursos naturales prácticamente inagotables es también uno de los que registra la más alta brecha socioeconómica. La diferencia en el modus vivendi entre los sectores más ricos y más pobres es altísima, los ricos son muy ricos y los pobres son muy pobres, replicando así la mayor problemática de Latinoamérica: la inequidad. Las familias más desposeídas son hacinadas en las llamadas favelas mientras que las revistas de turismo exhiben solamente la parte bonita de las ciudades. ¿Recuerdan la película Ciudad de Dios, de Fernando Meireles, famosa allá por inicios de la década pasada? ¿Y la inolvidable Ratas, Ratones y Rateros, de Sebastián Cordero? Ese es el día a día de las favelas brasileñas, y aún más…

Según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), cerca de 16 millones de habitantes viven en la extrema pobreza. ¡Algo más que la población de todo Ecuador! En 2013, la renta familiar del 20% de la población fue equivalente al 57,7% del total de la riqueza nacional. Según el Banco Mundial, el coeficiente de Gini, indicador que va de cero a 100 y que aumenta según lo hace la desigualdad, es de 54,7, cuando el ecuatoriano es de 49,3 y el de países como algunos nórdicos es de 33. Aunque la diferencia parezca pequeña, cada punto de este índice significa muchísimo. Ante tales cifras, el Régimen brasileño trabaja desde tiempos de Lula da Silva en el plan Brasil sem miseria, cuyo objetivo final es mejorar la situación de aquellas 16 millones que tienen un ingreso familiar de menos de $44 mensuales, por medio del acceso a implementos de trabajo agrícola, financiamiento para mipymes (micro, pequeñas y medianas empresas) e inclusión productiva. Una buena idea, planificada en 2011 y proyectada a largo plazo. Sin embargo, según un análisis publicado por ElEconomista.com.mx, la economía brasileña ha sufrido una desaceleración inesperada, pues respecto a un repunte registrado a finales del año pasado, entre enero y marzo de este año, su PIB solo creció un 0,2%, y las previsiones hablan de una contracción para el futuro cercano, pues los pronósticos varían entre un -0.2% y un 0.6%. No obstante, el Gobierno espera un crecimiento del PIB cercano al 2,3% y una inflación tope del 6,5%.

Pero más allá de tanto número frío que significa mucho solo cuando uno camina las calles y cuando no tiene con qué calmar el hambre, deberíamos mirar un poco a la historia: en 2004, Grecia organizó los Juegos Olímpicos y su gobierno de entonces realizó altísimas inversiones. Ahora, 10 años después, vemos a la economía helénica devastada y al presidente subastando su país al mejor postor. Las consecuencias en el emergente Brasil podrían ser terribles, considerando que la inversión para la Copa supera los 15.000 millones de dólares. Para tener una idea, esta cifra se aproxima al 40% de la totalidad del presupuesto general del Estado ecuatoriano para todo 2014.

Pero ocurre que en Brasil, los efectos no se esperan después de una década, como en el caso griego. No. Además del hacinamiento en favelas, conocido históricamente, existen múltiples denuncias y alertas de que los mendigos están siendo “reubicados” en las zonas no visibles para los turistas; los animales callejeros están siendo capturados y sacrificados y, para colmo, la presidenta Rousseff decretó una reducción de horas de trabajo para la población con el propósito de incrementar el número de fanáticos dentro de los estadios y frente a los televisores. Hay que tomar en cuenta la veintena de obreros que hasta la fecha han resultado heridos o muertos en la construcción de los estadios.

http://brasil.eluniversal.com.mx/article/2014/02/14/la-asignatura-pendiente-de-brasil-2014
Imagen tomada de El Universal de México.

El tema es tan delicado en Brasil que las protestas por el exagerado monto de dinero público en la construcción de escenarios (a un mes de la apertura algunos están todavía inconclusos) se incrementan cada día. La infraestructura de transporte no ha concluido (aún hay aeropuertos a medio construir y otros que definitivamente solo quedaron en planos). Los fan-fest en ciertas ciudades no cuentan con los fondos suficientes para ser organizados, por lo que deberán pedir créditos al gobierno central y el consiguiente aumento en los precios de los servicios e impuestos ya es causa de molestia (en 2013 ya se intentó subir los precios del transporte público). Según una investigación de la periodista Sofía Benavides, del portal Infobae, los gastos en los que ha debido incurrir el Estado brasileño superaron ya las expectativas de planificación que se habían difundido. Para cubrir las necesidades de infraestructura en transporte, telecomunicaciones, turismo y otras, además de los estadios, se ha gastado más de 11 000 millones de dólares. Por si todo esto fuera poco, hay excampeones mundiales como el recientemente retirado Rivaldo y el actual diputado del Partido Socialista, Romario, quienes se han mostrado en contra de la organización de la Copa. El otro lado está representado por el eterno amigo de los billetes verdes: Pelé, y el ahora empresario y jugador de póquer Ronaldo.

Rivaldo.
Rivaldo.

Según un informe publicado por la agencia de calificación financiera Moody’s, recogido por diario El País, el gobierno brasileño no debe esperar ganancias muy altas tras sus inversiones en la Copa del Mundo, pues el impacto económico no será duradero y afectará a una serie de precios. Solamente los sectores de alimentación y turismo recibirían réditos considerables.

 

La lección en el pecho

Aprendí desde chico a disfrutar del fútbol. Me he llenado la garganta de gol y los ojos de lágrimas en más de una ocasión. Vi a mi equipo descender a la B y pocos años después consagrarse como el mejor de todo el continente. Varios de los momentos más representativos de mi vida sucedieron cuando llevaba una camiseta blanca con una U en el pecho. Pero todo aquello me enseñó que el deporte es un fenómeno que te deja lecciones de vida. A mí me dijo cómo apreciar la amistad, vivir en solidaridad y -creo que lo más importante- la lealtad. Lealtad a ti y a tus principios, a tus ideas, a tus creencias y a tu pasión.

Supongo que disfrutaré del Mundial porque amo el fútbol. Como fanático del rey de los deportes cuento los días para la patada inicial, pero sé que hay mucho más allá. Espero cuatro años para verlo nuevamente, pero creo que este año será diferente: la Copa de 2014 será la de la desigualdad como ninguna otra anterior, quizás. Será la Copa de las protestas y seguramente la de la represión policial. Yo nunca olvido -gracias al fútbol- que a veces es necesario dejarlo todo por cumplir un sueño, pues en la vida se reproducen muchas situaciones que ves en una cancha. Estoy convencido de que haber pasado por la general de un estadio te puede enseñar a enfrentar cierto tipo de problemas cotidianos.

Que el balón empiece a rodar y nosotros a cantar los goles, pero tampoco olvidemos que hay un pueblo para el que la fiesta ecuménica significa todo menos alegría, todo menos eso que llaman desarrollo.

J. Blatter.
J. Blatter.

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