Inicio Derechos Las redes sociales y el pensamiento

Las redes sociales y el pensamiento

Imagen tomada del sitio www.ida.cl
Imagen tomada del sitio www.ida.cl

Por Adolfo Macías Huerta / @adolfomacias

Hoy las redes sociales nos permiten acceder a una lluvia de fotografías, música y videos artísticos de todo tipo, como una tierra de maravillas, de fácil acceso, teñida por la fugacidad de la pantalla luminosa del computador. Hace poco revisaba lo que sentía en mi vientre al visitar el Facebook, y me di cuenta de que había una cierta ansiedad en mi manera de recorrer las publicaciones, cierta sensación de velocidad y novelería insatisfecha, como la de una persona que pasa las páginas de una revista buscando una foto o un texto resaltado interesante, que le permitirán pasar por alto el texto largo, la lentitud del que escucha, mira, lee o se demora ante una obra de arte compleja. Esto me hace preguntarme si las redes nos están conectando para pensar mejor o si contribuyen de alguna manera al deterioro progresivo de nuestra capacidad de pensar. 

Hace varios años, en el Centro Cultural Benjamín Carrión, tuve la oportunidad de asistir a un conversatorio con el escritor Jorge Enrique Adoum y le pregunté si creía que la cultura del video en internet iba a contribuir a la desaparición de la Literatura. Dijo que de ninguna manera, que la Literatura no se vería afectada por eso, pues se trataba de manifestaciones distintas. Ahora me temo que se equivocaba. Yo mismo reconozco que un documental sobre un tema cualquiera me permitirá aprender algo con menos esfuerzo, sin tener que bucear en cientos de páginas o en libros contradictorios. Más que pensar yo mismo, habrá otro que “dé pensando” (para usar esta expresión idiomática tan quiteña). Pero esta facilidad pedagógica oculta una trampa mortal: el facilismo que nos convierte en depósitos inertes de lo que otro expone, la seducción inmediata de lo que no necesita ser digerido ni meditado en lentitud. Hasta terminamos conviertiéndonos en cifras que inflan las estadísticas y nada más que eso.

Poco a poco, con las redes sociales, el tiempo se va achatando y nos llenamos de lugares comunes y citas, de imágenes impactantes y cosas fácilmente asimilables, de una cultura de sorpresas que no requiere una atención prolongada y donde la profundidad de pensamiento es sustituida por una superficial lucidez, basada en el impacto mediático de una idea, más que en su trasfondo. Cualquiera puede hacer una declaración que sume apasionados comentarios, impulsando la creencia de que lo dicho en esa sentencia es absolutamente verdadero… ¡solo porque parece serlo!


Poco a poco, con las redes sociales, el tiempo se va achatando y nos llenamos de lugares comunes y citas, de imágenes impactantes y cosas fácilmente asimilables, de una cultura de sorpresas que no requiere una atención prolongada…


 

 Frente a esta cultura de la apariencia, propongo la conservación del hábito de lectura como una forma de resistencia a la superficialidad que las redes contribuyen a masificar. Esto supone reponer a la Filosofía y al Autoconocimiento como los pilares del pensamiento. Si no entendemos la relación entre condicionamiento social, percepción y representación en el proceso de construir lo que nosotros asumimos como “realidad”, jamás cuestionaremos nuestras percepciones ni nos atreveremos a desafiar el sentido común, para atrevernos a pensar críticamente. Y es que las redes sociales son un sitio para expresarse y decir lo que creemos, en medio de un grupo del cual buscamos aprobación y reconocimiento. Lo común invade el sentido, hace del consenso la medida de lo verdadero. Si me expreso en contra del presidente aduciendo que ha llevado el país a la recesión por no saber apoyar a la empresa privada en el desarrollo de una industria competitiva que cree empleos, y luego digo en otro comentario que el presidente no es un verdadero socialista porque tiene convenios con la banca, a nadie le importa la evidente incongruencia entre ambos mensajes. ¿Por un lado quiero garantías para la empresa privada y por el otro socialismo estricto? Lo curioso es que en las redes este tipo de incongruencias tiene a todo el mundo sin cuidado, porque cada mensaje posee autonomía y busca un efecto mediático inmediato: likes y comentarios. De un lado recibiré el apoyo de todas las personas que están en contra del presidente, del otro tendré unos pocos comentarios en contra.


Si me expreso en contra del presidente aduciendo que ha llevado el país a la recesión por no saber apoyar a la empresa privada en el desarrollo de una industria competitiva que cree empleos, y luego digo en otro comentario que el presidente no es un verdadero socialista porque tiene convenios con la banca, a nadie le importa la evidente incongruencia entre ambos mensajes.


 

La discusión política en las redes sociales carece de profundidad porque la cultura del comentario sustituye al pensamiento orgánico, resultado del estudio y el procesamiento de una experiencia prolongada. Por eso el libro (en papel o en formato electrónico) sigue siendo un artefacto insustituible, en la medida en que convierte al lector en un activista del pensamiento, y no en un sujeto pasivo (como tiende a serlo en la cultura del video, aunque ese video sea de denuncia y sea respaldado por un pensamiento crítico). La lectura supone atención, dedicación y esfuerzo intelectual por comprender ideas y compararlas con las nuestras, para obtener un pensamiento propio que pueda denominarse auténtico. La lectura de un libro es una verdadera gimnasia mental que nos exige presencia. Para que esto suceda se necesita además tiempo, soledad y recogimiento, cosas todas que escasean en la sociedad urbana actual.

Con esta desaparición de la lentitud y el pensamiento crítico, estamos a merced del impacto sicológico de las ideas, a merced de lo que nos impresiona y nos produce aquiescencia instantánea, de lo que “parece verdadero”. Pero parecer verdadera no hace a una idea verdadera. De suyo, si recordamos a Platón, hay una relación contradictoria entre ser y parecer, entre opinión y conocimiento, siendo la opinión una verdad aparente, propia del “sentido común”, es decir: una creencia consensuada, que podría ser totalmente falsa a pesar de su incuestionable apariencia de verdad.

Y es así como terminamos a merced de todo tipo de declaraciones y proclamas. Revertir el uso de las redes sociales y convertirlas en un medio de comunicación para el debate inteligente se vuelve entonces esencial para conservar nuestra libertad de pensamiento.


Adolfo Macías Huerta nació en Guayaquil, en 1960. Es escritor y también es tecnólogo en desarrollo personal o psicoterapeuta gestáltico. Trabaja como facilitador en desarrollo personal.