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Mis relaciones estables

Chulla diva, chulla vida. Estamos aquí para aprovechar esta única vida que tenemos, para hacernos cargo de nuestras decisiones, para vivir cada momento ordinario como si fuera el más extraordinario. Para andar el camino con actitud de divas (o de ‘divos’). A veces los caminos son rectos y apacibles, otras veces muy accidentados y sinuosos, pero siempre son maravillosos. Aquí encontrarás de todo, como en botica, pero sobre todo un espacio para hablar con sinceridad de lo que nos pasa mientras recorremos el camino que elegimos, porque vida solo hay una. ¡Bienvenidos!

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Imagen tomada del sitio static.ellahoy.es

Por María del Pilar Cobo G. / @palabrasyhechos

Establecerse es una palabra que en personas como yo produce un poco de resquemor. Tal vez se deba a que cuando la escuchamos se dispara el recuerdo de lo que la sociedad nos ha vendido: estabilidad familiar, económica, laboral. La estabilidad como una piedra pesada, una obligación, el sinónimo de la felicidad, condición sine qua non para ser un adulto y una persona funcional y responsable; para encajar en los moldes sociales. Y, claro, ese tipo de estabilidad no es la que todos buscamos. Está bien si alguien elige establecerse de esa manera, pero también está bien elegir vivir en una constante y maravillosa zona de inconfort.

Tal vez yo sea de quienes no quieren ‘establecerse’ en el sentido que la sociedad da a esa palabra. Pero eso no quiere decir que no tenga relaciones estables ni que no quiera tenerlas. Una a lo largo de su vida va construyendo su hogar, su refugio, el lugar donde quedarse quieta un poco, lo que se quiere ser. En mi caso, mi relación más estable es conmigo misma. Pese a que a veces me he traicionado (y feo) o hay días en que quisiera quitarme la máscara de mí y ser otra persona, sé que cada vez soy más fiel a mí, que estoy más cómoda conmigo, que me quiero y me conozco más, que me acepto en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la alegría y en el dolor, y que es una relación que cada vez se vuelve más fuerte, más madura, más completa.

Otra de mis relaciones estables –y que cada vez me da más satisfacciones– es la que tengo con las palabras. Desde la primera historia que escuché o el primer poema que escribí, he vivido junto a ellas, maravillándome cada día, descubriendo las delicias que me regalan y todas las posibilidades que me presentan. Vivo de ellas, respiro de ellas, en ellas me siento en casa. Sé que no podría trabajar en otra cosa que no tuviera que ver con las palabras. Mi relación con ellas ha sido estable porque siempre hemos estado juntas, pero es una relación que varía todo el tiempo, pues nunca estamos juntas de la misma manera: a veces es trabajo, otras veces placer, otras estudio (que es trabajo y placer), otras un simple estar y dejarse llevar. Sé que llegaremos a viejitas juntas y, de cierta manera, trascenderemos a esta relación.

También tengo una relación estable con el viaje, el imaginado (que quizás es parte de mi relación con las palabras) y el real. Cuando pienso en los momentos de felicidad y de libertad absoluta que he tenido en la vida, casi todos están ligados a un viaje, a un paisaje nuevo, a un nuevo olor, una nueva comida, una nueva sensación, a esa certeza maravillosa de que el mundo no está acabado, de que siempre habrá una sorpresa, un más allá. Incluso volver a lugares en los que ya he estado es mágico. Hay ciudades o lugares a los que vuelvo como si volviera a ver a viejos amigos, en los que me siento en casa. Hay otras en las que me gustaría quedarme, pero sé que siempre querré conocer más. Quizá la magia de las relaciones estables es que siempre te sorprenden, te regalan cosas nuevas. Estar en ellas no es un sacrificio, no es un simple estar, es un ser en ellas. El viaje, para mí, es mucho más que trasladarme, es vivir, descubrir, experimentar, es esa sensación maravillosa que te llena el cuerpo y el alma, y que sé que quiero sentir todos los días de mi vida.

Yo no sé si algún día tendré una casa, una casa física, con paredes, ventanas y puertas. Ahora pienso que me encantaría tener un lugar estable para darles a mis libros un hogar, pienso que ahora mismo están guardados en cajas, apretados, y se me arruga el corazón. O también porque quiero tener un refugio, un lugar para cargarme de energías, para estar conmigo. Pero luego pienso que si llegara a tener dinero para comprarme una casa me lo gastaría en viajes, que una casa es un peso muy grande, que al fin y al cabo he vivido en muchos sitios a los que por arte de magia convierto en un hogar. Que también es lindo saber que todo tu haber y tu poseer cabe en dos valijas de 23 kg (el lenguaje del viajero es uno de mis queridos amigos).

Tenemos mil posibilidades de relaciones estables, no solo aquellas en las que nos quiere encajar la sociedad y que nos convierten en personas frustradas e infelices si no llegamos a acomodarnos según su molde. El truco es salir de esos esquemas, explorar, descubrir lo que nos hace felices, lo que nos llena. El truco está en registrar los momentos, las situaciones, las personas, las sensaciones que nos han llenado el alma; mirar qué tienen en común e ir por ahí, caminar en ese sentido y disfrutar plenamente del viaje. El camino de la felicidad, de la plenitud, no es nunca el camino equivocado.


María del Pilar Cobo (Quito, 1978) es correctora de textos, editora, lexicógrafa, profesora de redacción y analista del discurso en ciernes. Escribe una columna sobre lengua en una revista semanal y ama leer los prólogos de los diccionarios y libros de gramática. Aparte de su pasión por analizar las palabras, también escribe sobre la vida, los viajes y las cosas que nos pasan cuando nos acercamos a la mediana edad. Por ahora vive en Buenos Aires y no sabe cuál será la próxima estación.

1 Comentario

  1. Muy interesante artículo. Opino que crecer implica moverse y la estabilidad, incluso en una relación, es una ilusión porque las relaciones también cambian. Lo ideal sería que los integrantes de una pareja pudieran crecer juntos. Lo peligroso (y lo digo por la relación de la pareja) es cuando eso no sucede y entonces la pareja se desestabiliza.
    Permitirnos crecer es maravilloso.
    Gracias por tu artículo.

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