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Mujeres y maternidades

Chulla diva, chulla vida. Estamos aquí para aprovechar esta única vida que tenemos, para hacernos cargo de nuestras decisiones, para vivir cada momento ordinario como si fuera el más extraordinario. Para andar el camino con actitud de divas (o de ‘divos’). A veces los caminos son rectos y apacibles, otras veces muy accidentados y sinuosos, pero siempre son maravillosos. Aquí encontrarás de todo, como en botica, pero sobre todo un espacio para hablar con sinceridad de lo que nos pasa mientras recorremos el camino que elegimos, porque vida solo hay una. ¡Bienvenidos!

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Imagen tomada de www.vanguardia.com

#ChullaDiva

Por María del Pilar Cobo / @palabrasyhechos

Cuando eres mujer y has superado los treinta, suele empezar a pesar sobre ti una presión social: ser madre. Aun en nuestra sociedad tan ‘progresista’ y ‘moderna’, una mujer que ha pasado cierta edad y aún no ha probado las ‘delicias’ de la maternidad sigue considerándose incompleta, una ‘cuasimujer’, alguien que no sabe cumplir su papel social como se debe, como si solo fuéramos un útero cuya función es darle mano de obra al mundo.

Tal vez lo que digo suene muy exagerado, pero no lo es. Cuando has pasado cierta edad, no importa si estás casada o soltera, empiezas a oír comentarios como: “¿Para cuándo el hijo?”, “ya te estás quedando”, “no ha de valer que termines la vida sola”, “por lo menos ten un hijo para que te cuide en la vejez”, “una se siente realizada solo cuando es madre”, “no sabes lo que es ser feliz hasta cuando eres mamá”, y así, una serie de comentarios acerca de lo anormal que es no ser nunca mamá. Y, claro, no puedes evitar, en ciertos momentos, llegar a cuestionarte si algo está mal en ti, y el famoso ‘reloj biológico’ (que también es un estereotipo) parece que empezara a desesperarte con su tictac.

Pero la verdad es que ser mamá no es la opción de todas las mujeres. Algunas quieren serlo y otras no. Ni siquiera es una cuestión de querer o no querer. A veces es una cuestión de no poder. O de no querer ahora. O un preguntarte todos los días si es lo que quieres o no, pensar un tiempo que quieres ser mamá, y luego cuestionarte mucho y decidir que no. Pero al final es una decisión personal, que solo te incumbe a ti. Y no, no nos digan que la maternidad también es una cuestión social. A lo sumo de pareja, pero nada más. La maternidad es algo muy importante como para ser tomado a la ligera o como para ser visto como una obligación.

Conozco mujeres que nunca han querido ser mamás porque simplemente el serlo no está en sus planes. Algunas argumentan que es una cuestión ética, que traer un hijo al mundo es una irresponsabilidad, pues no podemos seguir poblando la Tierra de personas que se pelearán por todos los recursos. Y tampoco podemos traer un ser humano a este mundo de mierda. O están las que no quieren tener un hijo porque no, porque no se sienten preparadas. También hay quienes dicen que simplemente no les nace, que eso de engordarse y tener que sacrificar noches de sueño y su tiempo por alguien no va con ellas. Tal vez parezcan argumentos egoístas, pero son honestos. No es menos egoísta embarazarse solo porque necesitas alguien que te cuide en la vejez o alguien en quien proyectar lo que no pudiste ser. Y he escuchado este tipo de argumentos, como si el hijo fuera un ser funcional que viene al mundo solo para llenar un vacío o servirte de sostén en algún momento.

Conozco a mujeres que se embarazaron muy jóvenes, y a los cuarenta, con los hijos grandes, empiezan a hacerse cargo de sus vidas, a viajar, a estudiar, a hacer lo que siempre quisieron pero interrumpieron de alguna forma con la maternidad. Asimismo, están aquellas que pudieron hacer todo eso mientras se hacían cargo de sus hijos. Y las que, aunque con cierta vergüenza, admiten que no querían madres, pero les tocó. Porque, a veces, por las presiones sociales precisamente, tienes que asumir una tarea para la que no estás preparada. También tengo amigas que decidieron abortar tras un descuido, en algún momento de sus vidas, porque se dieron cuenta de que no iban a poder con un hijo, de que sus vidas se verían truncadas, de que no podrían con la responsabilidad. Y muchas de ellas, mujeres admirables, incluso después de años y de que la vida les ha dado la razón, se sienten culpables y perseguidas por su ‘pecado’, como si no fuera un ‘pecado’ traer al mundo a una persona a la que no vas a querer.

Y están, obviamente, quienes sí sienten que la maternidad es para ellas. Mujeres que quieren tener un hijo para llenarlo de amor y aportar de alguna manera al mundo. Mujeres que son madres maravillosas, responsables, respetuosas, tan sabias que han logrado encaminar y acompañar a seres humanos igual de maravillosos que ellas. Algunas tienen parejas y otras no.

Y hay quienes mueren por tener un hijo y no pueden tenerlo, que se frustran ante la imposibilidad de reproducirse, a tal punto que incluso se obsesionan tanto que se pierden de vivir lo que la vida les está regalando. O están las que quisieran tenerlo pero no se arriesgan a hacerlo sin una pareja. O las que tienen más de cuarenta y deciden, con toda la sabiduría que les da la edad, embarcarse en la aventura. Y hay mujeres que han optado por la adopción, que me parece una de las maneras más sublimes de amor.

En fin, la maternidad tiene muchos matices. De hecho, seguro se me han olvidado muchos, pero la cuestión es que la decisión de ser madre no debe estar atada a las normas sociales sino a una opción personal y responsable. Reproducirse no debe ser la única alternativa entre crecer y morir; debemos pensar que hay muchas más, y también muchas maneras de darle nuestro amor al mundo. Quizá quien opte por no ser madre pueda tener la capacidad de dar un amor menos ‘centralizado’ o quizá no, pero la decisión es personal y, solo por eso, ya es valiosa.


María del Pilar Cobo (Quito, 1978) es correctora de textos, editora, lexicógrafa, profesora de redacción y analista del discurso en ciernes. Escribe una columna sobre lengua en una revista semanal y ama leer los prólogos de los diccionarios y libros de gramática. Aparte de su pasión por analizar las palabras, también escribe sobre la vida, los viajes y las cosas que nos pasan cuando nos acercamos a la mediana edad. Por ahora vive en Buenos Aires y no sabe cuál será la próxima estación.