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ADMÁ, una fiesta de la música en libertad

ADMÁ es un himno a la música. Este festival que tuvo su primera edición el pasado 29 de octubre, presentó a un puñado de artistas que representan a la escena independiente local y con esto se inscribe en el circuito naciente de espacios abiertos para el ejercicio de las artes en Quito.

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Pichirilo Radioactivo - Foto: César Acuña Luzuriaga

La Barra Espaciadora / @EspaciadoraBar

Los ritmos que dos DJ’s pinchan persigue un juego de luces azules y rojas. Ellos son DJ Kalesh y DJ Funkebom. A medida que el público entra, el ambiente se pinta de a poco con sus sonidos.

El Teatro Bolívar –histórico escenario capitalino– abrió sus puertas el pasado sábado 29 de octubre al primer festival ADMÁ de Música Libre. En el segundo piso, al subir las viejas escaleras de madera ubicadas a un costado del vestíbulo principal, está el Wonder Bar 1933, legendario sitio que convocó al público en Quito para gozar de un cartel excepcional: Ricardo Pita, La Malamaña y Pichirilo Radioactivo fueron los músicos que, escoltados por las atmósferas de DJ Kalesh y DJ Funkebom, se turnaron la tarima hasta la madrugada del domingo.

El evento mostró sin tapujos las propuestas de estos músicos y cumplió con la consigna: proclamar la libertad como esencia de la música.

Llegar al Teatro Bolívar es toparse de frente con la historia. Los primeros espectadores se mimetizaron con el espacio: piso entablado, gruesas columnas de cemento que –aunque derruidas por el incendio que en 1999 destruyó al teatro y por el paso implacable del tiempo– conservan sus finos decorados y tallados originales; pendiendo del tumbado, en pleno centro, una antigua lámpara remata el balcón ovalado. Las butacas, sillones y sofás que le agregan un toque vintage al recuperado Wonder Bar, se ofrecieron a los asistentes.

Organizado por el colectivo ADMÁ Música Libre, este encuentro tuvo jazz, brass band, rock, folk, soul, electrónica, salsa.

Pichirilo Radioactivo, “la banda que habla sin palabras”, fue la primera en entrar a escena. Vestidos de negro, sus nueve integrantes lucieron medio rostro y el brazo derecho decorados con diseños a base de pintura fluorescente verde. “¡Acérquense, bailen, disfruten!”, proclamó uno de los músicos desde la tarima, como para romper el hielo. Luego, la banda se desató sobre el escenario. Su fusión de jazz con cumbia, algo de folclor, reminiscencias de las grandes big bands consigue la conexión casi inmediata con el público. Los potentes efectos visuales y los juegos de luz dibujan contornos, rostros y ensayan figuras que se proyectan justo detrás de la banda. “¡Qué bacán!”, exclama entusiasmado alguien entre el público y se deja llevar con su cuerpo por los beats.

Los integrantes de Pichirilo Radioactivo la tienen clarísima: su intención es agrupar una propuesta artística en la que la gente se convierta en un factor activo durante sus espectáculos. Por eso aprovecharon el escenario de ADMÁ para presentar dos nuevos temas que se incluirán en el disco que ya preparan, como una ofrenda a su público.

Ricardo Pita subió al escenario después de algunos minutos de espera. Este cantautor guayaco le dio al público una buena razón para corear sus canciones al tiempo que se enganchaba con el ritmo de los músicos que para la ocasión tocaron con él. Su propuesta resulta un guiño a referentes de la música porteña de los ochentas, como Héctor Napolitano o Lucho Rueda, solo que remozada, fresca, inscrita en la estética de esa nueva ola de músicos que copa la escena local ya desde hace unos cinco años.

La salsa quiteña de La Malamaña cerró la noche. “Nuestra propuesta trae salsa con líricas potentes, sin miedo a sacar un estilo diferente”, nos dijo Camila Terán, una de sus integrantes. En ADMÁ, la banda presentó 4 temas nuevos que estarán incluidos en su nuevo material discográfico. Esta banda acude con frecuencia a los diálogos con tinte social y se muestra atrevida, atrayente. No hay temores de decir lo que se piensa y tal como se lo piensa.

El concepto de música libre le viene bien a la escena ecuatoriana, con un festival nuevo y fresco. ADMÁ es también la excusa perfecta para confundirse con las maravillas del Centro Histórico de Quito.

Ricardo Pita hace lo que le da la gana

En este escenario, nuestro reportero Juan Francisco Trujillo charló con Ricardo Pita, el músico que reúne a sus colegas como si fuera un centro de gravedad. Con él tocaron algunos de los integrantes de La Malamaña y Pichirilo Radioactivo en el ADMÁ, por eso, en este diálogo, Ricardo nos cuenta detalles de cómo funciona su puesta en escena, de sus canciones y en general, de su obra musical.

La propuesta de Ricardo Pita se mueve con facilidad entre el rock, el folclor y el blues. Es versátil y cuenta con una lírica minuciosamente elaborada. El cantautor guayaquileño –ataviado con botas vaqueras, jeans, sombrero, gafas y una barba poblada como  característica–,  pisó fuerte sobre el escenario del Primer Festival ADMÁ de Música libre. Con su desenfado habitual conectó de inmediato con un público generoso.

A media luz, Ricardo soltó la voz, la hizo transitar sin prisa sobre los acordes de sus canciones hasta llegar a uno de los momentos cumbre de su presentación, la popular Canción para el resto de los días. Pero su trabajo hasta ahora publicado es tan solo el umbral de lo que parece será su obra en los próximos años. De hecho, Ricardo Pita prepara ya la producción de su tercer disco, que fue grabado en Chile.

¿Qué sentiste al estar en un escenario como el del Teatro Bolívar?

Ha sido maravilloso estar sobre este escenario y sentir la reacción del público que canta los temas. Es increíble ver las huellas del incendio todavía en las paredes mientras estás tocando, y eso como que te hace sentir parte de la historia. Me voy feliz.

Coméntanos un poco sobre el repertorio que trajiste al festival ADMÁ

Hice un recorrido con temas de los dos discos que tengo y creo que tuvo buena acogida. También trato de que mi show sea muy inclusivo y diferente. En cada ciudad a la que voy toco con diferentes músicos, no viajo siempre con la misma banda y eso hace que la propuesta se transforme. Me gusta invitar a amigos. Esta vez, por ejemplo, me acompañó gente de Pichirilo Radioactivo y de La Malamaña. Eso tiene cierto vértigo que me gusta y es mucho más divertido. Me aburriría tocar mis temas de la misma forma en cada presentación.

¿Cuál es el tipo de música que te gusta e influencia tu propuesta?

Creo que tengo cierta tendencia a la investigación musical, por ejemplo, cuando estuve por Chile escuché muchos ritmos locales, igual en Perú y Argentina. Eso se te va pegando, pero como te dije, los temas se van transformando según los músicos que los tocan. Es algo que cambia todo el tiempo, no suena igual en Guayaquil con una onda más rockera que en Chile, donde hay un toque más folclórico.

¿Qué tienes preparado para el 2017?

Hay periodos muy intensos de composición y otros un poco menos intensos, pero por lo general estoy siempre haciendo canciones. Ahora tengo material como para tres discos. Para el próximo año estoy preparando la producción de mi nuevo disco (el tercero) que fue grabado en Chile. Se va a llamar Amuleto, le tengo mucho cariño porque guarda experiencias de algunos viajes. He tenido propuestas de un par de disqueras importantes que quieren firmar conmigo pero necesito valorarlas porque quiero seguir siendo yo mismo sin que nadie me recorte. Pero, si,no se da la oportunidad, igual estoy contento. Ser independiente es una belleza, haces lo que te da la gana.


Reporteros: Lorena Serrano y Juan Francisco Trujillo
Fotografía: César Acuña Luzuriaga