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Cinemateca Nacional del Ecuador: historia clínica de la memoria

La Cinemateca Nacional del Ecuador ha sobrevivido a décadas de menosprecio a pesar del valor de todo aquello que alberga. Son 4 000 archivos fílmicos y alrededor de 10 000 documentos históricos los que reposan en sus instalaciones, a la espera de que todo un país lo sepa y haga uso de ellos como propios. Este es el diagnóstico de un sobreviviente.

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Por Stephen Bruque
Video y timeline: Maité Nolivos y Christian De La Torre

El 15 de mayo de 2017, en medio del proceso de cambio de las directivas provinciales de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), de noticias sobre la llegada del undécimo Ministro de Cultura y de la expectativa por el cambio de gobierno, la Cinemateca Nacional del Ecuador organizó su rendición de cuentas del periodo 2012- 2017. Una gestión de cinco años a cargo de Wilma Granda, sucesora de Ulises Estrella en la tarea de sostener un proyecto de institucionalidad que nació en 1982, gracias a la pasión e idealismo de un grupo de cinéfilos que avizoraron la necesidad de crear un espacio dedicado al cine.

La Cinemateca Nacional concretó, de esta manera, un sueño forjado en el Cine Club de la Universidad Central. Desde entonces, tanto Ulises Estrella como Wilma Granda se dieron modos (cada uno en su momento, y cada uno a su manera), para implementar dentro de la CCE una gestión permanente de difusión cinematográfica y, sobre todo, establecer los mecanismos para la valoración y rescate de la cinematografía nacional. Quizás es en este último aspecto en el que con más claridad encontramos las luces de la labor de la Cinemateca durante las últimas décadas, la que ha permitido alumbrar, en cierta medida, el difícil panorama en el que se encuentran los archivos audiovisuales del país.

La poca importancia que se ha otorgado a los archivos de memoria en el Ecuador ha sido una constante que ni siquiera la creación del Ministerio de Cultura y Patrimonio (MCYP) ha podido remediar. Antes de la creación del Ministerio, en 2008, tampoco fue suficiente la motivación de instancias particulares como la Asociación de Cineastas Ecuatorianos (Asocine), quienes llegaron en su momento a recopilar parte del acervo cinematográfico de sus socios, o el interés de la Corporación Cinememoria, cuyo objetivo inicial (a parte de la realización anual de los EDOC), era generar proyectos para la salvaguardar la memoria audiovisual del país. Los archivos han existido, pero la posibilidad de gestionarlos ha sido otra historia.

Dentro de todas las dificultades para la recuperación, preservación y difusión de del patrimonio audiovisual, la Cinemateca ha logrado en las tres últimas décadas, de forma pausada y a un pulso irregular, rescatar obras audiovisuales del siglo XX, así como constituir un archivo representativo, con los recursos necesarios para ello: una bóveda climatizada y un filmscanner para la digitalización de las obras. Cabe destacar además el logro de difundir este patrimonio no solo en un espacio físico de consulta pública (inaugurado en 2010), sino también a través de un portal web lanzado en 2016. Imágenes de ficción, como los cortometrajes ganadores del Festival de Cine y Video Ficción Demetrio Aguilera Malta,  o imágenes  documentales como las del noticiero Ocaña Films , nos muestran un Ecuador distinto, en sus diversas facetas a lo largo del siglo XX.


Timeline: Maité Nolivos.

Todo esto fue posible, en gran medida, a que en 1989 el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) declaró al cine como patrimonio del Estado y a la Cinemateca como su custodio legal. Esta normativa debió implicar el inicio de una institucionalidad fuerte para el cumplimiento de lo señalado, sin embargo, y en retrospectiva, se puede decir que fue el sustento para un conjunto de acciones que, siendo necesarias, no han logrado generar una verdadera política pública de incidencia nacional y menos aún han conseguido dotar a la Cinemateca de la independencia administrativa, política y de gestión que tanta falta le ha hecho.

Es aquí donde hallamos el principal limitante que ha tenido y tiene la Cinemateca Nacional: el estar bajo la sombra de la Casa de la Cultura Ecuatoriana no le ha permitido dar grandes pasos para fortalecer su institucionalidad. El alineamiento con las posturas y mecanismos de gestión de la Casa, que acogió el proyecto, ha hecho que se diluyan poco a poco el impacto e incidencia de la Cinemateca como promotora de la cinefilia y de la formación de públicos en torno al cine. Y es que si bien no han faltado iniciativas durante más de 30 años, en retrospectiva se percibe que la Cinemateca ha perdido un terreno importante como espacio cultural.

Inauguración de los EDOC 2017 en una de las salas de la Casa de la Cultura. Foto: Edu León

La Cinemateca ha pasado por varios momentos en cuanto a exhibición cinematográfica: desde los años en los que competía por público con las mismas películas proyectadas en salas comerciales hasta el momento en que las embajadas se tomaron el espacio para exhibir, casi por completo, sus catálogos de películas. Es así como este espacio fue perdiendo la oportunidad de ser -simbólicamente- el referente local en cuanto a la promoción y difusión de una cultura cinematográfica de carácter nacional. Ese rol lo asumió el cine OchoyMedio desde su creación, en 2001, y ha logrado hasta la fecha el posicionamiento de un proyecto de exhibición privado que ha logrado respaldo de instancias públicas como el Instituto Metropolitano de Patrimonio de Quito (IMPQ) y el Consejo Nacional de Cinematografía (CnCine), del cual la Cinemateca formaba parte.

En la sala Alfredo Pareja Diezcanseco, de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, la Cinemateca exhibe una cartelera permanente, con algunas muestras de cine bajo temáticas específicas y con la programación anual de los distintos festivales que se realizan en Quito. Así, aporta a diversificar la oferta en el centro norte de la ciudad). Si bien dentro de este panorama, es destacable el esfuerzo por generar desde hace cuatro años el Festival de Cine Latinoamericano La Casa Cine Fest, con una oferta necesaria y casi nula desde la desaparición del Festival Cero Latitud, es imposible para la Cinemateca difundir otro tipo de películas, que no son distribuidas en el país, y que miden el pulso de la cinematográfica contemporánea mundial, sobre todo la que se exhibe a través de  espacios consagrados como la Berlinale, el Festival de Cannes, de Venecia, de San Sebastián, entre otros.

En cuanto a su institucionalidad, la Cinemateca sigue siendo uno de los departamentos de la CCE. Quizás, eso sí, uno de los espacios más representativos en la gestión de esta institución cultural que continúa disputando su autonomía frente al Ministerio de Cultura (otra institución en proceso de definición). En este sentido, ni siquiera la recién aprobada Ley de Cultura plantea un escenario distinto para la gestión de este espacio dedicado al cine. La Cinemateca sigue atada a la Casa de la Cultura, y la Casa de la Cultura sigue atada al pasado de la gestión cultural. No hay, bajo esta lógica, posibilidad de plantearse una infraestructura más grande, un mayor equipo técnico, o un organigrama con departamentos de investigación académica.  Solo continuar con el esfuerzo por sostener lo que se tiene, y disputarse lo que no.

Durante los 10 años de funcionamiento del CNCINE, la Cinemateca Nacional ocupó una silla dentro del Consejo para la toma de decisiones. Esta participación permitió ciertos acuerdos y convenios de cooperación para la ejecución de proyectos como la cinemateca digital o La Casa Cine Fest. Sin embargo, esta relación interinstitucional de apoyo no avanzó hacia la construcción de una verdadera política pública entre la institución dedicada al fomento, y la instancia pública dedicada a la preservación del patrimonio audiovisual y la exhibición cinematográfica. Llama la atención, en cambio, la decisión del CNCINE de administrar y gestionar su propia sala desde el 2012 (FLACSO Cine). Quizás porque cada instancia seguía buscando definir su horizonte, así como su postura, sobre todo tomando en cuenta las rencillas con el Ministerio de Cultura y Patrimonio, ante su papel como entidad rectora de la política cultural.

Ahora que ya hay una normativa definida en la nueva Ley de Cultura que, entre otras cosas, establece la responsabilidad del Instituto del Cine y la Creación Audiovisual (ICCA) sobre el patrimonio audiovisual y cinematográfico,  vale preguntarse el papel de la Cinemateca de ahora en adelante: ¿cuáles son los objetivos de este espacio? ¿cuál es su legado? y ¿cuál es su proyección a futuro?.

En un momento en que el panorama de las salas de cine a nivel mundial es complejo ante las nuevas formas de consumo audiovisual en los formatos de difusión online, las cinetecas o cinematecas se convierten en los espacios indispensables para sostener políticas públicas relacionadas con la formación de públicos críticos ante contenidos cinematográficos diversos, logrando experiencias significativas desde lo cultural, lo educativo y lo social. La posibilidad de sostener un espacio  así, debe entenderse entonces como un ejercicio de los derechos culturales, pero para ello se requieren verdaderas posibilidades de gestión y administración que permitan su crecimiento y fortalecimiento.

Archivo analógico de la Cinemateca Nacional. Foto: Edu León

Stephen Bruque es comunicador y gestor cultural. Especialista en Museos y Patrimonio Histórico por la Universidad Andina Simón Bolívar.