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UASB: Teorías de una autonomía en extinción

La Universidad Andina Simón Bolívar, bastión del pensamiento académico regional, ha sido viciado por las pugnas del poder político y los intereses partidistas. (e)

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Cartel que muestra firmas de respaldo a César Montaño. Imagen tomada del portal planv.com.ec

Por La Barra Espaciadora / @EspaciadoraBar

Cualquiera que sea el enfoque, el resultado es el mismo: la elección del rector de la Universidad Andina Simón Bolívar (UASB) se ha convertido en una metáfora repetida sobre la imposición del poder en medio de artimañas legales e institucionales, no sin ir acompañada de ajustes de cuentas personales. ¿Cómo? A través del atropello de la honestidad.

Hoy, César Montaño asume el rectorado con todo el capital político que le da el respaldo de los estudiantes y trabajadores de la UASB, pero, más que nada, con la legitimidad que le otorga la autonomía universitaria. Sin embargo, en los papeles, en el plano estrictamente jurídico, su supervivencia aún está por verse.

No hay que refugiarse en los textos académicos para observar cómo la legitimidad y la legalidad son vapuleadas por las decisiones políticas partidarias. El correísmo quiere entrar a la Andina. La principal impugnación en contra de Montaño llega por parte del Parlamento Andino, el organismo legislador del sistema interandino, cuestionado gracias a su enorme esfuerzo por reivindicar su intrascendencia.

No obstante, esta vez su voz resulta detonante: al desconocer a César Montaño inició una batalla institucional en la que nadie hace caso a nadie. En estos últimos tres meses ha cambiado a cinco de los diez miembros del Consejo Superior de la UASB (incluido a su presidente), con el fin de forzar a nuevas elecciones.

Del otro lado, el rector saliente de la Andina, Enrique Ayala, quien ha estado en esas funciones durante casi 20 años, ha rechazado las decisiones del Parlamento Andino y ha decidido no acatarlas. Tiene el respaldo de la mayoría de estudiantes y profesores no solo de esa universidad, sino de los demás espacios de la educación superior ecuatoriana.

Ese desencuentro, quizás, es provocado por el choque de fuerzas políticas bien maquilladas. Los artilugios del Parlamento Andino tienen su rostro visible en Patricio Zambrano, quien no solo es vicepresidente del organismo, sino que como presidente del Partido Socialista es un declarado archienemigo de Ayala Mora, quien durante décadas perteneció a la cúpula de esa misma tienda política. Y para colmo, Zambrano es militante de la Revolución Ciudadana y Ayala, de la oposición. ¿Cuál es el alcance de ese ajuste de cuentas personales?

Los personajes resultan perfectos para una pugna de poder que sobrepasa esos dos egos. Si la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) en Ecuador ya tiene tintes verde flex por todo lado, la Universidad Andina parece ser un codiciado espacio a ser conquistado. El desafío de la Andina y de sus nuevas autoridades está en demostrar que allí no plantarán su bandera ni Alianza Pais ni la oposición, sino el debate y el pluralismo que, de largo, sobrepasa ese falso dilema en el que nos ha embarcado el discurso político de los últimos años. Lo que está sucediendo en la Andina sobrepasa, incluso, su propio perímetro. Se trata ya de ver en serio hasta dónde va la autonomía universitaria como un principio, en teoría, intocable. Decenas de universidades ecuatorianas están atadas de manos bajo la exigencia (amenaza) de acreditar sus carreras. Eso se reduce a que se la pasan obedeciendo los manuales de buen comportamiento dictados por el Consejo de Educación Superior y demás organismos creados para “mejorar la calidad universitaria”, con el fin de lograr su pervivencia. Mientras tanto, desde el poder se venden con pirotecnia propuestas infamemente sobrevaloradas como la de Yachay.

Tal como van las cosas, el enredo de la Andina se resolverá por la vía política. Llegará el momento en que la intrascendencia del Parlamento Andino frenará sus ínfulas para imponerse. También llegará el momento en que a la Andina se le acabarán los recursos para resistir a las presiones del correísmo por acaparar su dirección, y de la oposición para maquillar su disputa por el poder. Nosotros, más románticos e inocentes, esperamos que llegue el momento en que la honestidad y la decencia se impongan desde abajo, no tanto porque suene bonito, sino porque son urgentes.