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Nuevas cruces sobre la ría

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Malecón 2000 noche
© Fotothing

Por Francisco Ortiz / La Barra Espaciadora.

Ya con el sol descolándose por el último girón azul de cielo,  Jackson se apoya -de espaldas a la ría- sobre uno de los pasamano del Malecón. De frente, la avenida 9 de Octubre comienza a prenderse de viernes.

Aún con la camisa blanca y el pantalón caqui de uniforme, termina de fumar el último pucho que le queda mientras espera a Martha. Habían pactado verse, como siempre, pasadas las seis, luego de que ella saliera de clases de la vespertina. A lo lejos logra reconocer sus caderas que se acercan. ¿Cómo confundirla? Su bamboleante andar opaca hasta el feo corte del uniforme colegial que trae puesta.

Martha se detiene frente a Jackson -mulato de tercera generación- y le estampa un beso de esos que solo ella sabe dar. Él, aún mareado por la última pitada de tabaco y por la esencia embriagadora que desprenden sus ensortijados cabellos, paga su tributo de vasallo con otro beso, larguísimo y húmedo. Se regalan varias sonrisas antes de despegarse. Se toman de las manos y comienzan a caminar.

Uno de los guardias privados que vigilan a los amantes que atracan en ese antiguo puerto, ya los fichó. De forma discreta toma su walkie-talkie y se comunica, seguramente con su colega del siguiente punto de control.

Es evidente la urgencia que se tienen reina y vasallo. Pasan lentamente por la Resaca y se sientan en una banca discreta bajo uno de los pocos guayacanes sobrevivientes a la intervención de la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil que, según cuentan las malas lenguas, invirtió más de ochenta millones de dólares de impuestos en ese espacio público.

Martha se sienta y acomoda su falda colegiala cándidamente por entre las piernas. Sus talones le ayudan a tomar una postura zen sobre la banca. Jackson, disimulado, toca una pierna de su reina, mientras la aborda desde la popa a punte besos. Dulces minutos. De pronto, como ladrón en calle oscura, aparece por sus espaldas un nuevo guardián del parque. Golpea con su tolete el respaldo de la banca y les recomienda que se vayan con su amor y con sus ganas a otro lado.

-Ya saben…  ¡en el Malecón está prohibido!

Pasan el Ramada y el Aroma Café y nuevamente las ganas vencen. A esa hora y en ese punto el descaro los rebasa y les obliga a orillarse en el siguiente oscuro que encuentran. Logran tocarse un poco mientras comparten saliva y lenguas. De pronto, asoma otro vigilante con el walkie-talkie en la mano. Esta es la tercera y última advertencia.

Al final, el guardia se aleja rápidamente porque alcanza a ver que en otro punto cercano, un padre con su pequeño juegan al paracaidista. El niño, que se encuentra encaramado sobre una escultura metálica simulando a un avión de guerra, se deja caer en los brazos de su héroe. El guardia privado los vuelve a mirar, les gruñe y les pide que dejen de jugar.

Jackson y Martha, ambos ya con cólicos por la abstinencia forzada, deciden largarse. En este Malecón de hoy, nadie entiende nada sobre el amor, solo saben de ornamento y moral. Si los más de cien obreros muertos que flotaron en la ría en noviembre de 1922 volvieran a la vida y vieran esto, seguro le pedirían a Gallegos Lara que escribiera la segunda parte de Las cruces sobre el agua.

Malecón 1935
Tomado de de especiales de El Universo
http://especiales.eluniverso.com/fundacion-guayaquil/

 

Ya a la altura del IMAX y con cincuenta centavos en los bolsillos para volver a casa, los novios van rumbo a Las Peñas. Su último plan es sentarse fuera de Diva Nicotina a escuchar un poco de buena música y, si tienen suerte, remar un vaso de biela a algún pana que esté rodando por ahí. Al llegar, lo único que encuentran es un cartel que dice: “CLAUSURADO”.

 

http://www.elcomercio.com/pais/clausura-bares-Guayaquil-Penas-Diva-Nicotina_0_965903584.html
Autor: Arturo-Cervantes-Diario El Comercio

 

Con un vaso de cerveza ya en la mano, a Jackson y Martha les cuenta un amigo que asomó ese rato por ahí que un tal Xavier Narváez, director de Justicia y Vigilancia del Municipio de Guayaquil, había dicho esa mañana a la prensa que…

[box type=”shadow” ] “Las presentaciones de rock que ellos (Diva Nicotina) realizan traen degeneraciones ante el espacio público. Eso hace que se congreguen en la parte de afuera una serie de rockeros que se ponen a beber aguardiente, cerveza… Es un espectáculo que afea la entrada de ese icono turístico (Las Peñas). Eso no lo vamos a permitir” [1].[/box]

 

Sin besos, sin música y ahora sin tiempo, Jackson y Martha se marchan al final de la mano, mientras tararean la letra de un viejo tango que suena algo así:


[1] La cita realizada fue publicada originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/pais/clausura-bares-Guayaquil-Penas-Diva-Nicotina_0_965903584.html.