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Tagaeiri y Taromenane ¿pueblos invisibles?

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Yasuní: De las cortes de Cádiz al Big Brother criollo
© Edu León

Redacción La Barra Espaciadora

[box type=”shadow” ]“Nosotros podemos establecer que, precisamente en la zona del bloque ITT y del bloque 31, no hay presencia de pueblos no contactados e incluso no es una zona de tránsito. No ha habido señales de avistamiento, además que los patrones de asentamiento e incluso de tránsito de estos pueblos determinan que están ubicados hacia otras zonas de la zona intangible… esto es lo que a nosotros nos da el fundamento para decir que no hay presencia y que ni siquiera es una zona de tránsito”.[/box]

Con estas palabras, Lenin Lara, Ministro de Justicia, Derechos Humanos y Cultos de Ecuador, se refirió, el pasado viernes 30 de agosto de 2013, a los grupos humanos indígenas de las etnias taromenane y tagaeiri. Estas declaraciones surgen luego de que el pasado 15 de agosto de 2013 el presidente Rafael Correa pusiera punto final a la Iniciativa Yasuní ITT, la cual buscaba mantener indefinidamente bajo tierra las reservas de 846 millones de barriles de petróleo, localizados en el subsuelo del Parque Nacional Yasuní, en el corazón de la Amazonía ecuatoriana. Sin embargo, tanto en medios de comunicación nacionales e internacional, espacios académicos, ecologistas, en las propias calles y muros ecuatorianos, esta afirmación ha sido tratada desde lo que es o no políticamente correcto o desde la urgencia económica, dejando en un tercer plano la discusión: ¿hay gente ahí? La discusión ha quedado reducida a dilemas construidos desde una mirada estrictamente urbana y occidental y parecen desviar la reflexión fundamental: hablamos de vidas humanas.

¿Pero, quiénes son? ¿Por qué ahora nadie habla sobre ellos? ¿Se volvieron acaso invisibles? ¿O es que la selva de pronto se los tragó?

El 20 de noviembre de 1979, el Yasuní fue declarado Parque Nacional. En 1989 fue reconocido como parte de la Reserva Mundial de la Biósfera, dentro del Programa del Hombre y la Biósfera de la UNESCO, y se constituye en el área protegida más grande del Ecuador, con 982.000 hectáreas. Este territorio, dueño de una infinidad de ecosistemas, subsistemas y atravesado por una red hidrográfica incomparable, representa un entramado de vida humana, animal y vegetal que lo convierte en un área autosustentable, es decir, que sin la intervención del hombre en ningún aspecto, podría mantenerse viva durante muchos años.

Existen varios mitos y prejuicios alrededor de los pueblos aislados. Kati Álvarez, socióloga e investigadora en temas etnográficos amazónicos, cuenta que esto ocurre porque muchos ecuatorianos “piensan que estos pueblos han estado al margen de la historia, que se han quedado petrificados en el tiempo, que son de la edad de piedra o sin civilización, que no tienen vecinos ni contactos entre los grupos o que son seres fantásticos”.

No obstante, estas percepciones son falsas, señala, pues “los pueblos en aislamiento son culturas y civilizaciones establecidas con su propia historia material y simbólica y por diversas circunstancias, -y hay que reconocerlo-, la mayoría han sido producidas por la violencia estructural en que occidente u oriente, en tanto sociedades dominantes, las han tratado de incorporar o exterminar… mientras tanto ellas han optado por aislarse como estrategia socio económica y política de sobrevivencia”.

En la Amazonía ecuatoriana, entre los ríos Napo y Curaray, se han identificado dos pueblos indígenas en aislamiento: los tagaeiri y los taromenane, que pertenecen al tronco cultural de la etnia Waorani. Son ellos quienes se rehusaron a establecer contacto con la sociedad occidental al iniciar el proceso de pacificación, reubicación y pérdida del territorio waorani, debido al avance de la frontera petrolera y a la obra evangelizadora del Instituto Lingüístico de Verano (ILV)[1] durante la década del sesenta del siglo XX.

Los pueblos aislados del Yasuní, al igual que los waorani antes del contacto, se caracterizaron por desarrollar un tipo de organizaciones semi nómadas diseminadas en zo­nas interfluviales, con una economía de subsistencia basada en la recolección, la caza y la horticultura itinerante. Álvarez cuenta que su organización política se estructuró a través de lazos de parentesco de ascendencia común; es decir, de una misma familia o linaje.

Los tagaeiri

Tagaeiri significa en wao terero, lengua waorani, “la gente de Tagae”. Tagae fue un líder perteneciente al grupo asentado en las cuencas de los ríos Tivacuno y Tiputini, en las cabeceras del río Yasuní, en la provincia de Orellana. En el libro Pueblos Indígenas en Aislamiento Voluntario y Contacto Inicial, escrito por Paola Colleoni y José Proaño, se señala que Tagae y su gente se separaron del clan al cual pertenecían a raíz de la muerte de su jefe Ñihua y se aislaron, internándose en la selva.

Al hablar de los tagaeiri nos referimos entonces a varios grupos organizados en casas comunales “nanicaboiri” o de familias que migraban de un lugar a otro, y es posible que hasta el día de hoy mantengan relaciones de parentesco con los waorani. Es por eso que se dice que en 1965, Tagae y sus hermanos, hijos de Kimontare, hermano de Ñihua, se separaron de sus otros primos wao, Dabo, Babe, C. Ahua y otros. Desde entonces los tagaeiri y waoranis mantienen relaciones tensas entre ellos.

Los taromenane

Los taromenane, pese a las controversiales narraciones sobre sus orígenes, se dice que son un grupo waorani que quedó separado de los demás clanes wao al principio del siglo XX y se remontaron a las cabeceras de los ríos Yasuní y Tiputini, cuando la mayoría había dejado su territorio tradicional en la actual frontera Ecuador-Perú. Según las propias definiciones waorani, los taromenane son gente distinta pero similar, son otros pero iguales.

Para Colleoni y Proaño los taromenane “son entonces un grupo lingüístico y culturalmente relacionado a los Waorani, quienes mantienen características en la cultura material (por ejemplo, las medidas y formas de las lanzas y bodoqueras) y lingüística (las terminaciones de las palabras) que los diferencian del grupo Tagaeiri.

Conflictos clánicos

Desde que se produjo el aislamiento, la presencia de estos grupos se ha manifestado en diferentes ocasiones por los tipos de enfrentamientos que se han originado conforme avanzaba la frontera extractiva y de colonización. Estas confrontaciones involucraron a trabajadores petroleros, colonos, indígenas y misioneros.

José Olmos, enviado especial del diario El Universo en el 2003 a la zona, narra que el grupo wao llamado Babe Ima, en 1993 realizó una incursión al territorio tagaeiri y raptó a Omatuki, joven mujer Taromenane de 19 años en ese entonces, quien da a conocer detalles de la existencia de los Taromenane y es la principal fuente que hace suponer que quizá su clan se alió o absorbió a los tagaeiri.

Olmos cuenta que el rapto temporal de Omatuki, hace ya dos décadas por Babe, líder waorani que hoy tendría 73 años, motivó el inicio de una guerra sin reglas entre las dos etnias, la misma que provocó la matanza de 26 taromenane el 26 de mayo de 2003, a manos de nueve waorani de Tigüino.

“Por la fuerza, Babe llevó a Omatuki a su choza, la convirtió en su mujer, la vistió y le enseñó su forma de vida y la de sus vecinos. Ella tenía el pelo hasta más abajo de la cintura y era bonita”, narra Olmos. Se cuenta que la luna de miel duró 24 días, pues los waorani le obligaron a Babe a devolver a la taromenane secuestrada por temor a un rescate violento que podía dejar muchos muertos. “Ellos conocían lo vengativos que eran los del clan de la mujer”.

En dicha narración publicada por diario El Universo se informó que seis waos acompañaron a Babe. Ya cerca de su choza, la joven Omatuki se alejó con una sonrisa. Un kilómetro adelante, los taromenane atacaron al grupo con sus lanzas y dejaron malherido a Carlos Ima, primo de Babe, quien murió al poco tiempo desangrado. “Esa muerte –según testimonio de los waorani- motivó a que el 26 de mayo nueve guerreros atacaran la choza taromenane y mataran a 26 indígenas, en su mayoría mujeres y niños.

“Estamos a mano, Carlos ahora descansa en paz. Si los taromenane nos atacan volveremos a acabar con ellos; las autoridades no tienen nada que ver, es nuestra lucha”, sentenció Babe en su relato oficial.

Zona Intangible Tagaeiri–Taromenane

El 2 de febrero de 1999 se promulgó en el Registro Oficial el Decreto Ejecutivo 552 mediante el cual se creó la Zona Intangible Tagaeiri–Taromenane (ZITT), dentro del Parque Nacional Yasuní. La ZITT fue delimitada por el Estado ecuatoriano en el marco de medidas cautelares expedidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, el 10 de mayo del 2006. Dentro de sus límites se prohíbe la actividad extractiva con el afán de garantizar la vida y la existencia de ambos grupos étnicos aislados.

© Edu León
© Edu León

Colleoni y Proaño señalan que lamentablemente dicha delimitación, que representó el primer intento para dar respuesta a la necesidad de asegurar un territorio de supervivencia para estos pueblos, fue insuficiente debido a que el territorio de asentamiento y desplazamiento de estos grupos se extiende por fuera de la delimitación. “En la actualidad, la territorialidad de los pueblos aislados se sobrepone con parques nacionales, bloques de explotación petrolera, territorios indígenas y tierras de campesinos colonos”, afirman.

Según la información recogida a partir del 2008 por ambos autores y por el Ministerio de Ambiente, los pueblos tagaeiri y taromenane se ubican en la zona que abarca los ríos Rumiyaku/Tiputini y Curaray, en particular las cuencas de los ríos Tivacuno, Yasuní, Nashiño, Cononaco, Cononaco Chico, Tiwino y Cuchiyaku.

Posteriormente, ya en marzo del 2011, el Ministerio de Justicia, Derechos Humanos y Cultos contrató a trece técnicos y diez monitores de la nacionalidad Waorani para que colaboren en el Plan de Medidas Cautelares a favor de los tagaeiri-taromenane. Kati Álvarez explica que su labor es realizar patrullajes, aportar con sus conocimientos al entendimiento de estos grupos y alertar sobre lugares de conflictos o posibles enfrentamientos étnicos con la finalidad de evitar incidentes mayores.

Metodológicamente hablando, señala Álvarez, existen datos que demuestran la existencia de los pueblos en aislamiento o Nañewenani y estos tienen que ver básicamente con la relación que estos pueblos mantienen con la naturaleza, y la relación que establecen con otros grupos, aliados o no. En el primer caso se habla de signos materiales como las lanzas, flechas, chacras abandonadas, utensilios, cerámicas, viviendas, huellas, entre otros. Y en el segundo, se pueden considerar los enfrentamientos interclánicos debido al uso de territorio, recursos o rapto de mujeres, además de los enfrentamientos propios por defensa de sus territorios.

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[1] También conocido como Summer Institute of Linguistics, Instituto Lingüístico de Verano). Es una organización sin ánimo de lucro cristiana evangélica, cuya finalidad principal es recopilar y difundir documentación sobre las lenguas menos conocidas. En América Latina, se ha acusado a ILV de ser cómplice de las compañías petroleras, al ayudar a éstas a que los indígenas abandonaran sus tierras y que estos se las entregaran a las citadas compañías, usando además métodos turbios para avanzar en nuevas explotaciones de petróleo. Para reforzar este hecho se afirma que las organizaciones humanitarias de la familia Rockefeller (dedicada al petróleo) financian ILV. Por estas razones fueron expulsados de Ecuador en 1980.

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