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La influencia de la iglesia en los Estados es la que los Estados permitan

Imagen tomada del sitio ladiaria.com.uy
Imagen tomada del sitio ladiaria.com.uy

Por Diego Cazar Baquero / @dieguitocazar


Las relaciones entre Estados e iglesias son en parte ideológicas y en parte negociaciones históricas. 


Gustavo Morello es sacerdote jesuita, docente del Boston College de Massachusetts y sociólogo. En el 2014 escribió el libro Dónde estaba Dios. Católicos y terrorismo de Estado en la Argentina de los setenta, en el que señala el papel de la iglesia católica en relación con los círculos del poder político argentino de entonces, pero en el que, además, busca identificar al católico no institucionalizado y a una facción de la iglesia que, con omisiones o con participaciones timoratas, con decisiones o con venias, fue vista como cómplice del golpe de Estado en Argentina y del terrorismo de Estado consecuente. Gustavo es también autor del libro Cristianismo y revolución. Los orígenes intelectuales de la guerrilla argentina, que se publicó en el 2003. Para él, la iglesia apoyó el golpe y el terrorismo como varios de los sectores sociales lo hicieron, es decir, como una pieza más del gran engranaje que era la sociedad argentina de los años setenta, como un elemento más de la institucionalidad nacional.

La vena de sus investigaciones se caracteriza por la búsqueda de una comprensión de la práctica de los creyentes católicos en medio del mundo moderno, de sus instituciones y de sus Estados.

Gustavo, una visita papal es visita del máximo líder de la iglesia católica y, al mismo tiempo, una visita de Estado. En ese sentido, ¿cuán legítimo es que un estado laico destine recursos públicos para financiar tal visita?

Es tan legítimo como pagar por la visita de otro jefe de estado a Ecuador, o por el asilo de casi tres años a Julian Assange en la embajada de Londres… Asignar presupuestos para visitas, exilios, equipos olímpicos, investigación o salud pública son decisiones políticas. Ecuador –y la mayoría de las naciones– tiene métodos para asignar esas partidas. En la medida en que los procesos se cumplan, uno puede estar a favor o en contra –y eso es un debate político importante–, pero la legitimidad la da el proceso de decisión.

¿Por qué se otorga tanta importancia al hecho de que el Vaticano haya puesto los ojos en América Latina y nombrado papa a Bergoglio? ¿No se trata de una evidente estrategia geopolítica, como se asegura?

¿Quién lo asegura? ¿Qué es lo evidente? Y si es una estrategia geopolítica, ¿cual sería el problema? La iglesia tiene un objetivo, anunciar el mensaje de Jesús, y toma decisiones en función de ese objetivo. A los cardenales reunidos en el cónclave les pareció que Bergoglio era el hombre adecuado para liderar esa misión en este momento. Yo creo que la elección de Francisco muestra la apertura de la iglesia a los márgenes geográficos, la ‘descentralización’ de Europa, la conciencia de que hay otros católicos en otros lugares del mundo.

Pues, los gobiernos latinoamericanos alineados ideológicamente hacia la izquierda y hacia una tendencia antiglobalización y antineoliberal -Ecuador, Bolivia, Argentina, Venezuela- lo dijeron en su momento: el nuevo papa como símbolo de que la misma iglesia vuelve la mirada a una región emergente y una de las más pobladas de fieles católicos del mundo (40% dicen las estadísticas, 425 millones entre América Latina y el Caribe). Eso, me temo, incide en las relaciones geopolíticas. 

Pero una cosa son ‘connotaciones’ y otra ‘estrategias’ geopolíticas. Que la elección significa un rol para América Latina más destacado, más miradas atentas, y que Bergoglio, al ser latinoamericano, no puede ser entendido sin ese contexto, sí. Hay consecuencias. Pero que esto fue una estrategia evidente, no.

¿Cuál es la relación de Bergoglio con la dictadura argentina, de la que se le acusa?

El periodista Horacio Verbitsky lo acusa de haber entregado a dos jesuitas al gobierno militar. Uno de los jesuitas, Francisco Jalics, quien vive en Alemania, desmintió a Verbistky.

¿Cuál es la relación del Vaticano y de Bergoglio con el Opus Dei y qué implicaría este vínculo para los católicos y para los Estados?

Francisco es obispo de Roma y papa de todos. El Opus Dei es una organización de la iglesia, como los franciscanos, jesuitas, etc. En ese sentido, es también el jefe del Opus Dei. Esa relación no indica nada especial. La influencia de la iglesia en los Estados es la que los estados permitan. Todas las sociedades políticas se relacionan con las organizaciones religiosas, porque la religión es muy importante para mucha gente. Esas relaciones entre iglesias y estados son dinámicas, varían y suponen la acción de esos dos actores y de otros más que son parte de la sociedad.

¿Cuánta intención podría tener Bergoglio o el Vaticano de intervenir políticamente en procesos internos como los de Argentina, Bolivia, Paraguay o Ecuador?

La verdad es que no lo sé. Pero, otra vez, suponiendo que esa intención exista –yo no lo creo–, dependerá de lo que los actores políticos de esos países dejen hacer. Supongo que el papa hablará de medioambiente y pobreza, y eso va a tener repercusiones políticas, sin duda, pero no creo que tres días puedan cambiar procesos.

¿Es posible pensar en una iglesia católica verdaderamente espiritual y lejana de los tradicionales lazos con poderes políticos y económicos que la ha caracterizado a lo largo de su historia?

El catolicismo no es espiritual, es humano. Los seres humanos somos lo que somos: cuerpo y alma. Limitar lo religioso a las ‘almas’ es una reducción. La vida humana es espiritual, política, económica, rezamos, trabajamos, vivimos con otros. Lo que lo católicos queremos es que Jesús y su evangelio estén presentes en esos ámbitos de nuestra vida. Entiendo que a otros les guste otra cosa, y por eso todos tenemos que negociar en el espacio común. Pedirle al catolicismo que renuncie a las implicancias morales del evangelio no es negociar, es amputarlo.

En Ecuador, como en cada país que visita un papa, la iglesia solicita donaciones y aportes de sus fieles. En Ecuador lo ha hecho la Arquidiócesis de Quito, a través de una cuenta abierta en un banco privado y llamada Consejo Gubernativo de Bienes. ¿Cómo justificar que los fieles, en su mayoría de clase media y baja, donen dinero a una institución que, bien se sabe, es dueña de un inmenso patrimonio?

Supongo que es justamente para evitar lo que me preguntaste al principio: que parte de la visita la paguen los católicos y no el Estado ecuatoriano.

Ocurre que la Arquidiócesis de Quito y el banco privado del que hablo publicaron un banner en el Home del banco, en el que se llama a los cuentahorristas a entregar «donaciones y aportes para la visita del papa», en una cuenta llamada Consejo Gubernativo de Bienes. Mi pregunta va en el sentido de que los ciudadanos deban donar dinero a una institución que bien puede financiar estas giras por sí sola.

No estoy tan seguro, lo de la riqueza de la iglesia tiene que ver con inmuebles y templos, que no siempre producen rentas. Yo no vendería la iglesia de La Compañía, en Quito, para reducir el oro que tiene a lingotes, vender la madera y el arte, y liquidar la propiedad inmobiliaria para un banco. Por supuesto que eso produciría más dinero, pero creo sinceramente que Ecuador sería más pobre sin eso.

¿Acaso el laicismo –o la laicidad– no implica que un Estado no otorgue privilegios o ventajas a un solo credo, en detrimento de los demás que puedan existir, a pesar de que estos sean minoritarios?

El laicismo es una ideología, con la que uno puede estar o no de acuerdo. Como dije antes, las relaciones entre estados e iglesias son en parte ideológicas, en parte negociaciones históricas. Cada país europeo y americano han resuelto esta relación de distinta manera, teniendo en cuenta las circunstancias históricas y el poder que cada actor tenía. Suecia lo resolvió a la sueca, Cuba, a la cubana, y Ecuador, a la ecuatoriana. Cada régimen de relaciones refleja las ideas puestas en juego, las alianzas y las disputas de un momento histórico. Son los pueblos los que a través de movimientos sociales, elecciones democráticas y presiones políticas, o con su indiferencia, deciden cómo debe ser esa relación.

 

2 COMENTARIOS

  1. Jalics no desmiente a Verbitsky sino a sí mismo, ya que lo publicado por el periodista fue tomado de un libro del jesuita que sólo revirtió su ánimo de denuncia cuando Bergoglio se impuso como Papa.

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