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Fotos de Vanessa Terán*

El movimiento de Standing Rock, en Dakota del Norte, fue liderado por la nación Sioux y apoyado por alrededor de 300 naciones indígenas y otros aliados de distintas proveniencias. La ocupación duró diez meses y tuvo lugar en una propiedad asignada al Cuerpo de Ingenieros del Ejército.

Los Protectores del Agua se resisten a la construcción del oleoducto DAPL, de 1 172 millas, que busca transportar hasta 450 000 barriles de crudo por debajo del río Missouri y de tierras ancestrales. Su presencia atenta contra las fuentes de agua de miles de personas, viola la soberanía indígena y atenta contra su cosmología.

El conflicto de Standing Rock es un ejemplo más de que los procesos coloniales siguen latentes y son orquestados principalmente por los gobiernos y por la industria extractivista en nombre del desarrollo. Sin embargo, el movimiento también evidenció que los pueblos resisten y que hay miles de personas dispuestas a poner el cuerpo, sus habilidades y su vida en favor de la defensa del territorio y de sus recursos.

“Van a construir un oleoducto aquí y una mina allá –dice la activista Kanahus Manuel– y quién sabe qué más, más allá. Pero como indígenas tenemos que empezar a organizarnos en escalas masivas como esta para poder abordar estos grandes conflictos. Esta es nuestra etapa inicial”.

Los campamentos fueron espacios activos en la labor de idear formas distintas de vida comunal, desafiaron la construcción de un oleoducto y también al imperialismo cultural y a las políticas socioeconómicas que lo acompañan.

A finales de enero, el presidente estadounidense, Donald Trump, firmó el decreto ejecutivo con el que aprobó la terminación y funcionamiento del oleoducto DAPL. Esto, a pesar de que tan solo a finales de noviembre del 2016, el Cuerpo de Ingenieros revisó los estudios ambientales y negó los permisos correspondientes.

En febrero 23, la Guardia Nacional y la Policía iniciaron el proceso de evacuación de los campamentos, que en su pico llegó a tener alrededor de 10 000 personas. Un mes después empezó a funcionar y ya ha presentado derrames. En junio 14, la corte determinó que la aprobación del oleoducto violó la ley y el proceso legal continúa. El departamento del Condado de Morton afronta demandas por abuso de la fuerza pública y cientos de activistas aún son criminalizados.

El movimiento de Standing Rock inspiró a miles y amplificó conversaciones trascendentales acerca del derecho a los territorios, a los recursos naturales y a los valores históricos y espirituales. Pero la lucha no ha terminado, es física, política y filosófica, y embandera la gran pregunta de todo un planeta: ¿vale la pena perder la tierra, el agua o el aire de la humanidad entera para sustentar una forma de vida de pocos, que se construye a expensas de la mayoría?


Vanessa Teran Collantes es una artista multimedia, nació en Quito y reside en Brooklyn. Recientemente se graduó de la Escuela de Artes Visuales de Nueva York y al momento es una artista en residencia de More Art. Su trabajo trata principalmente temas de descolonización, cosmología indígena y migración. Este trabajo fue finalista en la última edición del Fotoperiodismo por la Paz “Juan Antonio Serrano”, que busca promover la construcción de una cultura de paz a través de la fotografía y fomentar la construcción de sociedades más abiertas, respetuosas y libres de violencia.


*Este artículo fue trabajado en su versión original en colaboración con Matt Peterson y Malek Rasamny, creadores de The Native and the Refugee, un Proyecto multimedia que compara los espacios de reservas de Nativos Americanos y campos de refugiados palestinos.