Por Koya Shugulí

En las últimas semanas hemos visto como en noticias nacionales, así como en redes sociales, la historia de Micaela Morales −hija del fallecido futbolista y ex prefecto del Guayas, Carlos Luis Morales− ha copado los titulares, puesto que ella habría mantenido una relación sentimental y habría sido la prometida de Olivero Vargas, alias ‘El Marino’, quien era señalado como líder de la banda criminal Los Lagartos.
Este vínculo ha destapado una realidad que se vive en muchos lugares del país: la inmersión en bandas delictivas del narcotráfico y el lavado de activos. Este terrible mal no tiene fronteras. Muchas figuras de la televisión ecuatoriana han sido acusadas de pertenecer a este tipo de mafias y se cuenta que se han enriquecido de un día al otro. Al parecer, telenovelas como Sin senos, no hay paraíso, El cartel de los sapos, Las muñecas de la mafia, entre otras producciones, terminaron conquistando a los más jóvenes. Estas vidas de lujo, rodeadas de dinero, mujeres, consumo de alcohol y drogas, marcas de ropa de diseñador, viajes en yates de lujo, carros de las mejores marcas, estadías sin fin en restaurantes y hoteles de lujo, viajes a todas partes del mundo hoy parecen estar al alcance de todos, aunque atrae más a los jóvenes.
Esto responde a una realidad cruel y en ascenso: el desempleo juvenil en Ecuador muestra tasas que superaron el 40% en 2025. Este fenómeno afecta más a las mujeres jóvenes y se caracteriza por la informalidad, la falta de experiencia y un desajuste entre la formación académica y las demandas del mercado laboral. Muchos quedan sin empleo adecuado incluso a pesar de tener varios títulos académicos.
No es por eso raro ver circular camionetas de lujo en el hipercentro de Otavalo, casas, negocios y mansiones que superan el millón de dólares, en manos de chicos que no sobrepasan los 25 años. Nadie se atreve a hablar de ello. La ostentosa vida de estos jóvenes que muestran sus lujos en redes sociales, alcanzados a cualquier costo, nos hace preguntar qué precio están dispuestos a pagar los jóvenes por llegar a cumplir este sueño de riqueza y vida perfecta. ¿Acaso la educación ya no es vista como la llave al éxito? ¿Qué nos dicen estos patrones de conducta ante el sistema de educación y el mercado laboral que tiene el país?
La respuesta es simple: hoy muchos de los más jóvenes ya no ven en la educación una vía para cumplir sus sueños. No entienden que entrar a ese mundo puede ser fácil, pero salir de él es imposible. Los titulares de rapto, desmembramiento, tortura y muerte a diario que vemos en los portales de noticias de todo el país refuerzan la respuesta: jóvenes que se han dedicado a esto como forma de vida. Es importante educar, prevenir y alertar sobre estos temas, y que no solo formen parte de las estadísticas que el narcotráfico y el lavado de activos dejan en el país.
Es momento de que nuestros mandatarios dejen de vacacionar por todo el mundo y comiencen a trabajar de manera urgente en estos temas apremiantes, antes de que tengamos a toda una generación sumida en el narcotráfico y el lavado de activos.
Hoy puedes estar en una piscina de Isla Mocolí o en un carro de lujo por las calles de Otavalo. Mañana, tu nombre puede aparecer en el feed de tus amigos porque estas mafias llegaron a ti y correr ya no fue una opción.
Necesitamos una clase política que se enfrente al narcotráfico de forma estratégica. Que deje de pensar en enriquecerse a hurtadillas y comience a resolver los problemas del país. El país no necesita de más bufones rimbombantes en la Asamblea Nacional que se dediquen a presentar su mejor show político, lleno de insultos y exhibiciones para probar quién es el mejor en oratoria para la agresión. Necesitamos gente que se siente a trabajar y presente soluciones ante la grave crisis de inseguridad y violencia del país. Si no, solo serán 4 años más de lo mismo y miles de millones de dólares tirados a la basura, como cada 4 años.
¡Hoy los ciudadanos les exigimos que despierten y actúen!


