#8M: la lucha tiene rostro de mujer

tinta negra

Por Koya Shugulí

pulpo

Llega un 8 de marzo diferente. Mientras lees esto, al otro lado del mundo mueren 153 personas en una escuela de niñas, en la localidad de Minab, en el sur de Irán. Parece tan lejano hasta que te enteras de que el Centro Cultural Iraní, en Quito, recibe un ataque violento. En sus instalaciones se encontraban niñas, mujeres y familias.

Quieres pensar que esta violencia no es usual y que responde a una situación específica, lejana, sin entender que una mujer pierde la vida cada 22 horas en Ecuador. En 2025 fueron 411 víctimas y al menos 50 de ellas eran niñas o adolescentes. Estas cifras no hablan de una situación aislada que merezca el silencio. Estas cifras gritan por justicia y por verdad.

Al mismo tiempo, en Afganistán, se legaliza la violencia contra las mujeres con la aprobación de un nuevo código penal que no solo aprueba, sino que fomenta el castigo, la exclusión y el asesinato de mujeres. Pero ese horror no es lejano al de los desmembramientos, las violaciones y la desaparición de cientos de mujeres ecuatorianas en manos de las redes del narcotráfico.

Incluso cuando quieres pensar que esto solo ocurre en ciertas esferas, lo cierto es que en las comunidades indígenas, la violencia sistemática es el pan de cada día. Las mujeres sufren terribles agresiones en contra de sus cuerpos si se atreven a denunciar. Son pocas las que logran encontrar una voz y llegar a un puesto de dirigencia. La mayoría de ellas sigue viviendo bajo las sombras de sus esposos, padres y hermanos y luego tienen que salir a trabajar, solo para encontrarse con que la sociedad las sigue castigando con racismo y opresión.

Pero esta no es una realidad de las comunidades únicamente. En las esferas más poderosas también hay maltrato y violencia que se silencia, muchas veces para no perder el supuesto estatus de una familia ‘civilizada’ y ‘de buena cuna. Del sur al norte, de abajo hacia arriba, en todas las esferas y espacios, las mujeres seguimos siendo una cifra muerta en los noticieros, un cuerpo menos en los hogares, una madre que deja hijos, una hermana que deja padres, una activista que deja calles, una médica que deja heridos, una escritora que deja de contar historias.

Es por esto que hoy debemos ser el pie de lucha y detenerlo. Hoy debemos dejar de ser estadística y pasar a ser las actoras principales de esta historia. Lo decimos con toda altivez: el futuro será feminista o no será, es hora de construir una Matria hacia el futuro, en donde seamos voz y acción, lucha y valentía, sueño y realidad.

No permitiremos que este sea otro año de ver, perplejas, la muerte. Esta lucha se alimenta del trabajo de nuestras predecesoras, de aquellas que luchan desde los años ochenta y de aquellas que hoy salen a las calles para continuar alzando la voz para incomodar al poder de turno. Hoy somos todas y lo vamos a lograr. Celebraremos un 8M reivindicativo, poderoso y transformador. Ya no vamos a sobrevivir. Seremos la llama viva que emerge de lo más profundo de la madre tierra e ilumina el camino hacia donde debemos ir.

¡Hoy la lucha tiene rostro de mujer!


Contenido patrocinado
LBE
Perlibre