Luis Córdova: “Ecuador es un peón en el ajedrez geopolítico de EE.UU.”

Por Diego Cazar Baquero

Luis Córdova Alarcón es director del Programa de Investigación Orden, Conflicto y Violencia, de la Universidad Central del Ecuador. Además, es investigador del Observatorio Ecuatoriano de Conflictos Llamas, una red de investigación multidisciplinaria que estudia las dinámicas de los conflictos a escala nacional y el impacto que tienen conflictos externos sobre Ecuador.

En sus últimas publicaciones, Córdova ha indagado en contextos que inciden directamente en toda en América Latina aunque ocurran en determinados países. Es el caso de El Salvador, que se estudia en el informe Nayib Bukele: historia de un dictador (2001−2026), así como el fenómeno que representa la llegada de Donald Trump por segunda ocasión a la Casa Blanca, un tema que lo analiza en su documento Anatomía política de un fanfarrón: la administración de Trump al desnudo.  

Para Córdova, el presidente estadounidense, Donald Trump, apuesta a externalizar su agenda política doméstica “con el fin de llegar mejor posicionado a las elecciones de medio término” en su país. En entrevista con La Barra Espaciadora, Luis Córdova aseguró que después de los casos de represión y violencia protagonizados por el ICE, en Minnesota, en contra de ciudadanos estadounidenses inocentes, el líder estadounidense comenzó a ablandarse con la intención de recuperar el voto latino perdido.

Además, Córdova habla del  objetivo particular que tiene el secretario de Estado de Washington, Marco Rubio, que apunta a provocar el colapso del régimen cubano luego de lo que ya ocurrió en Venezuela con la captura de Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, y la atención que simultáneamente decidió dedicar EE.UU. a Oriente Medio, con Irán como la representación de ese llamado “eje del mal” del que hablaba Trump durante su primer mandato.

Acontecimientos como la cuestionada guerra iniciada por EE.UU. contra Irán han puesto incluso a Ecuador en una situación que parece que le acerca más que nunca a ese aparente nuevo mapa geopolítico que pretende dibujar Trump. ¿Es esto posible?

El problema es que con la invasión de Irán las cosas no salieron como EE.UU. esperaba en el primer momento. El llamado Escudo de las Américas y todo este acuerdo con América Latina le ayuda mucho a compensar. Mediáticamente divide las opiniones porque para el público latinoamericano aparece un EE.UU. victorioso, en una posición absolutamente positiva. Pero Ecuador cada vez más es un peón en el ajedrez geopolítico de EE.UU. y esto es muy peligroso porque significa que no somos parte de los comensales sino que somos parte de la cena.

Foto: Jhonatan Ávalos.

¿Podemos referirnos a lo que ha ocurrido antes para que lleguemos a este momento?

A nivel regional y hemisférico se produce un giro en 2017, cuando el Comando Sur se plantea un rediseño geoestratégico para su mismo rol dentro de América Latina. Ya en el teatro de operaciones, en un documento que publican en el 2017, dicen que el Comando Sur tiene que convertirse en un nodo central de una red de redes, que el Comando Sur articule a las demás fuerzas armadas de la región frente a las amenazas transnacionales y a los agresores externos. Este giro se complementa, primero con lo que diseña Joe Biden cuando en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2022, se establece la disuasión integrada, un nuevo concepto que actualiza la doctrina de seguridad porque en esta noción, tanto el poder económico, como el poder militar, el poder informático y el poder financiero de EE.UU. tienen que alinearse para confrontar la amenaza que implican China, Rusia, etc. Este es un lineamiento estratégico que significa que ya no van a mantener por cuerdas separadas la economía y el poder militar.

En estos dos clivajes se produce también a nivel local el reanclaje de Ecuador a la lógica de seguridad hemisférica de EE.UU. con tres antecedentes muy importantes: la Ley de asociación Ecuador−EEUU, que se aprueba en el Congreso de EE.UU. en diciembre de 2022 y que determina que en 180 días, el Departamento de Estado, por un lado, y el Departamento de Defensa por otro, debían elaborar una estrategia de intervención en Ecuador. Esa ley creó el marco político para la actuación de todas las agencias federales estadounidenses en Ecuador. Por eso es que seis meses después, en julio de 2023, se firma el famoso memorándum de entendimiento entre el Pentágono y el Ministerio de Defensa, con horizonte al 2030. Desde julio de 2023, se están cumpliendo esos 169 objetivos. La misma general [Laura] Richardson, que era la jefa del Comando Sur, cuando vino, dijo que estamos en pleno cumplimiento, que se han dispuesto 94,3 millones de dólares de inversión para los primeros dos años. Entonces, Ecuador no está insertándose recién en este momento, sino que viene ya en un proceso bastante sostenido de anclaje a la estrategia de seguridad y defensa hemisférica de EE.UU.

¿En ese plan es que adquiere mayor sentido el llamado Escudo de las Américas, con la invitación que hizo Trump a presidentes latinoamericanos entre los que estuvo Noboa?

Sobre lo que buscan con el Escudo de las Américas, hay dos cosas fundamentales que ya las han mencionado varios voceros del Partido Republicano, de MAGA y ahora del gobierno de Donald Trump: el primer problema que deben contener son los flujos migratorios. La idea de Joe Biden era crear en cada país donde hay mayor exportación de migrantes, oficinas de control migratorio que contengan y retengan a esos migrantes. Ahora, la idea de Trump y de los republicanos es mucho más vehemente porque dicen que, al militarizar la política migratoria, se necesita que las fuerzas armadas controlen las fronteras de manera más fuerte. Ese fue el mensaje de [Pete] Hegseth, el secretario de Guerra, cuando dijo que tienen que defender la civilización cristiana que es la civilización occidental, y controlar las fronteras, con lo cual unifica una política central de lo que ha sido el trumpismo en este segundo mandato, que es la militarización de la política migratoria, la reactivación de la política racista en EE.UU. contra los latinos, y que ahora se extiende al hemisferio occidental.

El segundo objetivo con el Escudo de las Américas tiene que ver con la disuasión militar a los cárteles, pero que en el fondo lo que hace es un trasvase de lo que ya creó el gobierno de Trump: los acuerdos de minerales por seguridad. El primer ejemplo de este acuerdo fue Ucrania. Cuando Zelensky visitó en febrero de 2025 a Trump en la Oficina Oval, le trataron bastante mal y lo primero que le dijeron es que le darían garantías de seguridad si accedía a firmar un acuerdo en el que entregaría acceso privilegiado a minerales críticos y tierras raras de Ucrania. A esto el Pentágono y el Departamento de Estado le llaman minerales por seguridad, y son acuerdos en los que se ofrece seguridad a cambio de obtener prioridad sobre minerales.

Foto: Jhonatan Ávalos.

¿Eso se replica para Ecuador?

Es evidente que países como Ecuador están desbordados por la violencia. La secuencia de los hechos en Ecuador es fundamental: primero, viaja la canciller [Gabriela Sommerfield] a EE.UU. y forma parte de este gran acuerdo sobre minerales críticos y tierras raras, donde estuvieron 54 países [Acuerdo Marco para el Aseguramiento del Suministro en la Minería y el Procesamiento de Minerales Críticos y Tierras Raras]. Ahí se comprometen, bajo el liderazgo de EE.UU., a explotar. Luego viene lo del Escudo de las Américas. Una vez que está bien amarrada la balsa, se propone conversar sobre un acuerdo comercial. El objetivo, evidentemente, está más allá de los cárteles. Nunca ha sido una prioridad eliminar a los cárteles, excepto para agencias federales como la United States Drugs Enforcement Administration (DEA) y el Bureau of International Narcotics and Law Enforcement Affairs (INL), que sí están muy involucrados. Pero esta guerra contra los cárteles tiene mucho que ver con limpiar el terreno en donde necesitan acceder a minerales críticos y tierras raras que, además, en gran parte, están en manos de China.

Aquí viene la paradoja para América del Sur: con excepción de Colombia, todos los demás países tenemos como principal socio comercial a China. EE.UU., desde la época de Barack Obama y desde el primer Donald Trump, en el 2017, ya no tenía músculo económico para ofrecer a los países latinoamericanos inversiones, a diferencia de China. Entonces, lo único que le queda a EE.UU. es ofrecer maquinaria de guerra, apoyo militar a cambio de los recursos minerales que hoy por hoy son estratégicos. En 2025, cuando Trump se puso agresivo con los aranceles comerciales, China puso en jaque a EE.UU. −y esto no lo difundieron mucho los medios occidentales− y prohibió la exportación de minerales críticos a EE.UU, como represalia. Primero lo hizo en 2024, luego lo volvió a hacer en 2025. China controla actualmente más de la mitad de la producción mundial de minerales críticos y aproximadamente el 87% de su procesamiento y refinación. Tiene, prácticamente, el monopolio. Cuando hizo esto China, Trump inmediatamente viajó y se tuvo que reunir con Xi Jinping para pedir desescalar. El Pentágono tiene varios informes sobre el problema estratégico gravísimo que es no tener bajo su propio control suficientes minerales críticos y tierras raras. Este es el segundo propósito del Escudo de las Américas.

El tercer objetivo es un modelo que ya usaron en Oriente Medio, que hoy vemos cómo está crujiendo con la guerra en Irán. Es el modelo de respaldar con fuerza militar a los gobiernos, incluso autoritarios, que convierten a sus países en clientes de EE.UU. ¿Por qué, por ejemplo, las embajadas en Oriente Medio son tan enormes? Siempre tuvieron un papel fundamental que es servir como una especie de cuartel de protección a las monarquías árabes. En América Latina, vemos que le importa muy poco la democracia al gobierno de Trump. Lo que le interesa es tener gobiernos que sean muy dóciles a sus intereses, y a esos gobiernos, si es necesario, apuntalarles incluso con tácticas militares. Y creo que eso ayuda mucho en la coyuntura local: Noboa viene de una enorme deslegitimación electoral con la derrota de la consulta popular de noviembre de 2025. Después de la derrota, lo primero que hizo Noboa fue viajar a EE.UU. sin agenda conocida y lo único que se supo, a su regreso, por voz de José Julio Neira, es que había tenido reuniones oficiales. Yo creo que hay un problema sintomático en lo que hace EE.UU. cuando asume la vocería de las operaciones de seguridad en Ecuador, pues los operativos ahora se difunden por las redes sociales de la Embajada de EE.UU. en Ecuador: cuando Ecuador dice que no estamos solos, lo que está haciendo es crear una gran cortina mediática para relegitimar la agenda de seguridad de Daniel Noboa y para ocultar lo que realmente está pasando debajo: la pulverización del pluralismo político, la eliminación de cualquier oponente con miras a las elecciones seccionales, y la continuidad de la crisis de seguridad social, de salud, etc.

¿El Conflicto Armado No Internacional (CANI) o “conflicto armado interno” que declaró Daniel Noboa en enero de 2024 pasaría, entonces, a ser un pretexto y no un objetivo de seguridad real, sino quizá más bien un alineamiento político?

Sí, efectivamente. Para mí, la estrategia de declarar una guerra interna o un conflicto armado no es una estrategia de seguridad en sí misma sino una estrategia política. El anterior jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (CC.FF.AA.), Jaime Vela, en una revista oficial que emitieron el año anterior (PDF REVISTA MIDENA), reconoció que no hay razones para, de acuerdo con el Derecho Internacional Humanitario, declarar un conflicto armado interno, pero era la única alternativa para tener un marco jurídico con el cual actuar. Cuando se declaró un conflicto armado interno, se activó el artículo 64 de la Ley Orgánica de la Defensa Nacional, que establece que el CC.FF.AA. pasa dirigir la política de seguridad interna por sobre la Policía Nacional.

El gobierno le ha dado la fachada de bloque de seguridad a este trabajo vinculado, pero claramente la toma de decisiones está subordinada a lo que se decida en el CC.FF.AA. Entonces, desde el punto de vista de FF.AA., nunca fue una apuesta por resolver la seguridad. Fue una apuesta por resolver el problema político: la preminencia de FF.AA. sobre la Policía y el control del poder militar sobre el poder civil.

En segundo lugar, hasta hoy, el estado de guerra permite alimentar un mecanismo que ejerce dominio y control sobre la población, incluso hay dos antecedentes: Uribe y Fujimori. Fujimori, cuando se declaró dictador frente a la amenaza del terrorismo, estableció un estado de guerra interna y, como sí logró la disminución de la violencia, él se legitimó. El estado de guerra se convierte en un mecanismo de dominación eficaz. Uribe activó el Plan Colombia y, sobre todo, el Plan patriota, y logró diezmar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) con victorias tácticas fundamentales, y eso le legitimó y le permitió una supervivencia política y cierto oxígeno electoral. A Noboa le ha fallado eso en los primeros dos años. Desde enero de 2024, cuando declaró el CANI, pensaba que iban a contener las cosas pero las cosas se les han ido totalmente de las manos. Ahora tienen la expectativa de que en los próximos cuatro o cinco meses, logren revertir no tanto las cifras de inseguridad sino la percepción de la inseguridad. Lo que uno observa es que nunca les ha importado las cifras. Nunca les va a importar, ni en México ni en Colombia ni en ningún teatro de operaciones, la cifra de muertos o desaparecidos. Lo que siempre les ha importado es la percepción de la inseguridad. El manejo de esta propaganda en torno al estado de guerra, en Ecuador, ha tomado una vigencia enorme. Si llegan a contener la violencia en ciertas zonas o si logran ocultarla en los próximos cinco meses, ADN y el Gobierno tienen una muy buena posibilidad de lograr hegemonía total en las elecciones de 2027.

Foto: Jhonatan Ávalos.

Hay un actor fundamental en este nuevo mapa geopolítico que es Colombia. ¿Cómo entra en el juego de esta dinámica del frente de las Américas, propuesto por Trump, el conflicto entre Daniel Noboa y Gustavo Petro, incluido el riesgo que implica la guerra comercial para la gente de a pie?

Ahí también hay tres antecedentes: en la misma ley que se aprobó, la ley de asociación ecuador EEUU, que se llama Ley de Defensa Nacional y que aprueban todos los años en diciembre, porque ahí se aprueba el presupuesto del Pentágono y su planificación anual, también se menciona que se fortalecería el Centro de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra de Bogotá, porque es el epicentro para la difusión de lo que el Pentágono denomina la guerra irregular. Hablan de que el objetivo es regionalizar el know−how del Plan Colombia. Se desata la guerra comercial con Colombia como parte de un alineamiento con el eje de ultraderecha colombiano, visiblemente por el uribismo, pero también por De la Espirella y otros, ante dos victorias mediáticas irrefutables de Petro: antes de la visita de Petro a Trump, en Colombia, el uribismo y la derecha decían que Petro había llevado a la enemistad con EE.UU. Pero Petro les da una bofetada con guante blanco cuando visita a Trump y todo el mundo aplaude su visita. La derecha se quedó sin discurso e inmediatamente, a la semana siguiente, Noboa le declara la guerra arancelaria y comienzan las mismas voces de la ultraderecha colombiana a reforzar los argumentos de que Petro ha descuidado la frontera. Noboa decide iniciar esta guerra arancelaria cuando viaja a Davos, el Foro Económico Mundial, y en el avión ordena que se declare la guerra porque sabía lo que allá debieron haberle sugerido, por no decir ordenado. La guerra arancelaria con Colombia tiene mucho que ver con el contexto electoral. Después de lo que acaba de pasar el domingo 8 de marzo, con la victoria del Pacto Histórico en las elecciones legislativas, es muy probable que [el candidato oficialista] Iván Cepeda se posicione con muy buenas posibilidades de ganar la Presidencia. Si Cepeda gana la Presidencia, nuestra frontera norte va a volverse un escenario de guerra, tutelado por el Comando Sur, en la que van a involucrarnos. Así justifican la regionalización del know−how del Plan Colombia. La narrativa es clarísima a nivel mediático. Desde el punto de vista militar, si se quiere justificar la presencia del Comando Sur, se necesita concentrar en esa triple frontera [Ecuador, Colombia y Perú] un objetivo estratégico de control antinarcóticos, cárteles, etc.

Lo de Colombia no ha terminado y no va a terminar bien porque ese es, me parece, el punto que justificaría, tanto para el Comando Sur como para la derecha colombiana, la mayor presencia militar o la remilitarización de esa zona, que significa, además, la reactivación de las políticas de aspersión a los cultivos de coca con glifosato. Y vamos a inaugurar, ahora sí, un frente armado realmente serio para el Ecuador, y no estamos muy conscientes sobre lo que puede pasar.

De la región amazónica se habla poco. El último supuesto operativo binacional mediatizado mostraba un bombardeo y la destrucción de una casa de madera a las orillas de un río. Pero la escena pudo haber sido grabada en cualquier lugar de la Amazonía y no ha habido información sobre el porqué se asegura que se trataba de un lugar de descanso de un cabecilla del grupo disidente Comandos de la Frontera. Hay voces locales que aseguran que se trató de un falso ataque y que hay indicios de que soldados ecuatorianos estaban cometiendo más abusos y excesos para construir esta historia. ¿Existe esta posibilidad?

Absolutamente. Tanto la Policía, y más aún las FF.AA., están muy bien instruidos sobre crear escenarios para generar una guerra informativa o para provocar persuasión de los públicos. Por eso es tan importante el concepto de guerra irregular, pues significa la reactivación de tres tipos de guerra: contrainsurgente, no convencional y sicológica. La guerra irregular es la intervención de fuerzas militares para lograr la adhesión de una población a las políticas de la fuerza intervencionista. ¿Cómo lograr esa adhesión? A través de estos escenarios. El primer video, de 30 segundos, en el que se veía a dos helicópteros elevándose, bastó para decir que han empezado las operaciones. Ahí se entiende por qué el Gobierno decretó toque de queda desde el 15 de marzo hasta el 30 de marzo. Lo que quieren es que nadie observe cómo se va n a construir estas operaciones de espectacularización del poder militar. Necesitan grandes secuencias como las de una película bien montada durante al menos dos meses, y mantener llena la bandeja de los principales canales de televisión y los principales medios del país. Con eso emboban a la población. Ahora, eso no tienen nada que ver con reducir las víctimas, los homicidios. No hay que perder de vista que ni en Colombia ni en México nunca les importó a los gobiernos alineados con Washington reducir las cifras de homicidios. Lo que siempre les importó es manejar y controlar la percepción y eso lo lograban deteniendo a los capos, con intervenciones militares espectaculares, es decir, siempre con show. Yo pienso que la intervención del Comando Sur va a acrecentar la política del simulacro mientras el Comando hace lo que realmente quiere hacer. ¿Para qué trajeron estos dos helicópteros? Ellos van a hacer un mapeo y lo están haciendo ya, sobre todo en la Amazonía, que es de donde van a comenzar a sacar los minerales críticos y tierras raras, de los lugares en donde necesitan hacer ‘limpieza social’ para tener control y concesiones. Porque es cierto que en varias zonas de la Amazonía la presencia de la minería ilícita y de grupos armados es abrumadora. En Morona Santiago, por ejemplo, esa realidad es brutal. Hay un interés real por hacer ‘limpieza social’ para tener un control real. Además, el gobierno ecuatoriano no tiene cómo financiar el presupuesto general del Estado y la apuesta inicialmente era hacer la reforma minera y eliminar controles ambientales para facilitar concesiones mineras y para atraer la inversión extranjera, pero los inversionistas se niegan con el argumento de que en Ecuador no está mandando el gobierno sino los criminales. Por eso, el gobierno de Noboa está tan servil a los intereses de EE.UU.

El sector minero en Ecuador está, mayoritariamente, en manos chinas o canadienses. ¿Cómo va a sobrellevar el gobierno ecuatoriano esta disputa de EE.UU. por sacar a China de la región?

Me parece que la apuesta no es quitarles las concesiones que ya están en manos de empresas canadienses o chinas sino ir adonde hay nuevas posibilidades de concesiones, sobre todo de tierras raras, algo que no se ha discutido mucho. Lo que se ha hecho es entregar recursos estratégicos como cobre, oro y plata. Pero ese otro rango de minerales es para lo que está aquí el Comando Sur. Irán haciendo exploración y precisando sitios donde necesitan ubicar yacimientos, cruzando información con otras entidades y definiendo las zonas de interés de EE.UU. para acceder a esas tierras raras. Si ellos deciden que esas zonas de interés están en Sucumbíos, entonces declararán a Sucumbíos objetivo militar estratégico y zona de seguridad, y ahí aparecerá la concesión a manos de empresas estadounidenses. Todo esto en el escenario de que se den las elecciones de medio término en EE.UU. y de que los republicanos ganen, porque si los demócratas ganan, a la semana siguiente habrá un impeachment. Pero también es muy probable lo que el propio Donald Trump y varios voceros republicanos están planteando: la posibilidad de postergar esas elecciones. Si lo logran con algún artilugio o artimaña, implicaría una crisis institucional para EE.UU. pero también la permanencia de Trump. Pero el Comando Sur tiene dos constantes que no va a perder: mantener la presencia militar en Ecuador y lograr el control y dominio marítimo en torno a las islas Galápagos, fundamental para rutas de narcotráfico, de migrantes y para la contención de los avances de China.

Si pensamos históricamente, Ecuador nunca ha sido de interés de las grandes economías mundiales, excepto en momentos estratégicos en los que se vuelve utilitario a los intereses estadounidenses, como la isla de Baltra como base militar durante la Segunda Guerra Mundial, o la Base de Manta utilizada para reforzar el Plan Colombia. ¿En esta ocasión también se está utilizando a Ecuador estratégicamente para intereses mayores en los que nuestro país es solo una pieza que falta para llenar un rompecabezas ajeno?

Sí, yo creo que Ecuador está siendo el laboratorio de un nuevo modelo de gobernanza militar para Latinoamérica. EE.UU. está convencido de que ante las enormes crisis que vive América Latina por la violencia y la criminalidad, el mejor modelo que pueden ofrecer es el de la preminencia del poder militar. Creo que hay una remilitarización de las relaciones internacionales y de las relaciones interamericanas. Hay una disolución del multilateralismo, una incapacidad de los gobiernos civiles para articular políticas a nivel regional. Eso no está pasando en otras regiones del mundo. La apuesta es un modelo en donde la paradiplomacia militar articule los intereses hemisféricos de EE.UU y Ecuador, en este momento, es el modelo por excelencia de esto, porque tiene un escenario propicio con la violencia rampante, una criminalidad brutal, un gobierno absolutamente alineado a estos intereses y por su presencia en un punto estratégico, neurálgico, en medio de los dos grandes países productores de coca, lo que sirve de mucho para los intereses de las agencias federales antinarcóticos de EE.UU. El modelo a nivel regional ya se puede ver: el Pentágono levantó el embargo militar a Guatemala, un país que durante casi 50 años estaba prohibido de comprar equipamiento militar después de la guerra civil en la que se encontraba. ¿Por qué? Porque ahora existe el proyecto de que Guatemala sea nuevamente estado−cliente del complejo bélico industrial de EE.UU., algo que Ecuador ya lo es. Los 169 objetivos del memorándum de entendimiento están valorados en 3 100 millones de dólares que Ecuador va a pagar hasta 2030 por comprar asesoría, entrenamiento, equipamiento táctico militar, entre otras cosas.

Mientras Irán produce cada dron que ataca a 35 000 dólares, las baterías antimisiles y antidrones cuestan por cada misil 1 millón de dólares a EEUU. Eso te dice que al complejo bélico industrial estadounidense no le importa hacer producción de bajo costo sino el negocio. Ahí hay un enorme negocio y gran corrupción en torno al Pentágono y a las FF.AA de EE.UU. Por lo tanto, cuando ellos miran a la región con la posibilidad de negocios, se trata de insertar a los países latinoamericanos en el Programa de Ventas Militares Extranjeras (FMS, por sus siglas en inglés).

Ecuador, con todo lo dicho, ¿no puede guardar la expectativa de que el avance del crimen organizado se contenga, si el objetivo primordial es mantener esa violencia activa para mantener estos negocios activos?

Por supuesto. Ese es un escenario que no podemos dejar pasar. El propósito de la violencia activa es tener un mecanismo de control social, poblacional. Ante la incapacidad de sostener un estado democrático liberal, en donde la democracia, la posibilidad de ir a elecciones y la aparente institucionalidad daba legitimidad a los mandatarios, eso ya no existe en Occidente. Por eso la crisis en EE.UU. y también en Europa. La fachada de los estados democráticos en el mundo Occidental se ha resquebrajado. Ya no hay capacidad de mantener hegemonía suficiente a partir de esas lógicas. Muy pocas excepciones se mantienen en manos de gobiernos un poquito más democráticos, progresistas. Lula, por ejemplo. El mismo Petro, en Colombia. Pero si ves a Chile, lo que va a pasar en Perú, donde puede ganar Keiko Fujimori, lo que está pasando en Venezuela, lo que está pasando en Argentina, son gobiernos a los que no les importa mucho ya la fachada. Cuando los mecanismos democráticos ya no sirven para legitimar al poder, lo único que queda es crear un miedo tan brutal en la población que acepte la presencia de fuerza militar sin cuestionarse y sin cuestionar al poder. El escenario de violencia tiene esa función. Emocionalmente crea el clima adecuado para naturalizar el uso de la fuerza o de la violencia por parte del Estado contra ciertos sectores de la población. Si el día de mañana resulta que en uno de estos toques de queda han bombardeado Isla Trinitaria porque han identificado una guarida de Los Lobos, Los Choneros o quien sea, la gente dirá que estuvo muy bien, más allá de cuántas víctimas resulten. Cuando entras en esta lógica bélica ya no es posible hacer una distinción entre civiles y actores criminales, pues los actores criminales no andan uniformados.

Foto: Jhonatan Ávalos.

Petro se refirió a los países invitados a conformar este Escudo de las Américas como débiles, sin experiencia y con pocas posibilidades de decidir con autonomía. Dijo que con eso no se puede combatir el narcotráfico. ¿Cómo un escudo que se muestra débil va a contener un mal tan colosal como el crimen organizado y el narcotráfico?

Bueno, es que el Escudo de las Américas termina siendo la cabeza de playa del Pentágono en una administración que está huyendo hacia adelante ante las crisis domésticas que tiene. EE.UU. sabe que tiene problemas muy serios puertas adentro y necesita evitar brotes de protestas o de violencia, incluso. Lo que les interesa es mantener un eje muy alineado con su agenda propia y dejar por fuera a quienes podrían hacer un contrapeso incluso en la estrategia militar. Es evidente que las FF.AA. colombianas, después de toda esta experiencia de guerra, tienen mucho que decir, no solo para Colombia sino para la región, sobre cómo enfrentar estas amenazas. Es obvio que México ha ganado mucha experiencia, igual que Brasil. Se los deja por fuera porque no están alineados a la agenda de Washington y porque sus gobiernos no son los gobiernos que busca Washington como interlocutores. Por eso invita a Kast, a sabiendas de que está alineado con ese lenguaje. Por eso ubican al lado de Trump a quien para él es el adalid de su visión sobre lo que debe pasar en América Latina, que es Bukele, mientras a Noboa lo desplazan al extremo. Simbólicamente, lo que nos dice esto es que no hay una alianza entre iguales sino un absoluto avasallamiento del gobierno de Washington sobre el gobierno desesperado de Daniel Noboa. Si Noboa no logra revertir la percepción de seguridad antes del 1º de mayo, las cosas se pondrán muy complejas para la estabilidad de su gobierno.

¿Cuáles, entonces, pueden ser las proyecciones con un gobierno al que le queda mucho en el poder pero cuya imagen se resquebraja mientras toma medidas cada vez más autoritarias, incoherentes, que muestran que el músculo político es cada vez más débil?

El momento en que nosotros cruzamos el umbral de firmar este acuerdo para hacer exploración de tierras raras y minerales críticos, entramos en un escenario de africanización del Ecuador, para referirme a lo que viven Nigeria, República Democrática del Congo y otros países con inmensos períodos de violencia por sus recursos. Para mantener al gobierno a pesar de la estela de corrupción, e incluso de los vínculos con el narcotráfico que pueda tener, basta crear nuevas amenazas cada vez más peligrosas. No es casual que en una entrevista en Radio Cristal, el Presidente haya dicho que ya hay presencia de Hamás y Hezbolá en Ecuador. Una de las patas de la guerra irregular es la guerra no convencional, entonces el día de mañana el Comando Sur articulará un atentado y levantará bandera de Hamás para justificar que se trata de un atentado terrorista. Por ahí encontrarán unos manuales de formación de Hezbolá y con eso, lo único que haremos es seguir ampliando el horizonte de la guerra y volviendo cada vez más lejano el horizonte de la victoria porque habrá que eliminar ya no solo a Los Lobos, sino que también habrá que buscar redes internacionales de terroristas. Es así como mantuvo Fujimori el control social durante los diez años de dictadura que impuso en Perú. Cada vez que necesitaban legitimarse, asomaba por ahí un senderista a quien combatir. No es casual el lenguaje de terrorismo. La operación casi militar del ICE en Minessota se justificó como terrorismo doméstico. La propia secretaria de Seguridad Nacional [Kristi Noem] y periodistas de Fox y otras cadenas alineadas hablaban de terrorismo doméstico financiado por los demócratas para desestabilizar al gobierno de Trump. El uso del terrorismo como concepto que se puede adaptar a cualquier cosa es peligrosísimo y eso es lo que estamos observando. Este es el peligroso escenario en el que estamos entrando y me parece que es la gran apuesta de Noboa, porque él se percibe más parecido a las monarquías de Emiratos Árabes Unidos que a un gobierno civil democrático. Él se cree predestinado para salvar al Ecuador y esa visión de predestinación empata muy bien con el evangelismo sionista que hoy gobierna EE.UU. y que gobierna la mente de varios funcionarios de esa administración.


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