El Festival Internacional de Cine Ambiental ECOador alcanza once ediciones consecutivas

Cada año ECOador enfrenta el reto de conseguir financiamiento y apoyo. Durante la pandemia de Covid-19, el empeño no cesó: el festival se realizó de forma virtual y llegó a cientos de hogares a escala mundial. 

En la edición X, el encuentro premió a las mejores producciones y llegó por primera vez a las islas Galápagos, a Machachi y a Puyo, en la Amazonía ecuatoriana.

Su XI edición trae 21 filmes, entre largometrajes y cortometrajes, que estarán hasta el 16 de mayo de 2026 en las salas de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el Teatro Capitol y el Yaku-Museo del Agua. 


Por Emilia Paz y Miño

El Festival Internacional de Cine Ambiental ECOador, que celebra su XI edición del 6 al 16 de mayo de 2026 en Quito, ha logrado consolidarse como un espacio crucial para la difusión de temas ambientales y conversatorios necesarios a través del cine. 

Año a año, desde 2016, cortometrajes y largometrajes nacionales e internacionales sobre desafíos ambientales, alimentación, contaminación, cambio climático, defensa del territorio por parte de las comunidades indígenas, resiliencia climática, animales en peligro, han llenado las pantallas y han impactado a miles de asistentes. 

Detrás del Festival están Ricardo Centeno, director general, y Maribel Guevara, codirectora y directora de Programación. Maribel recuerda que la idea comenzó 10 años antes de materializarse, cuando vivía en Estados Unidos y trabajaba en citas cinéfilas como el Festival de Cine Ambiental en Washington D.C. Ver películas sobre los impactos del cambio climático en el mundo y la resistencia de pueblos originarios fue algo que, desde entonces, quiso compartir “con mis amigos, mi gente”.

Para Maribel, era importante que las personas en Ecuador se enteraran de los estragos que causa el calentamiento global y las distintas amenazas que enfrentan los ecosistemas debido a las actividades humanas. Pero también despertó su interés por difundir las historias positivas sobre resiliencia y adaptación. “Esta información no debería ser exclusiva de alguien como yo porque vivía allá y con ese privilegio”, pensó en ese entonces. 

En 2016, tras años de búsqueda de apoyo, el Festival lanzó su primera edición. Fueron cuatro cortometrajes y cuatro largometrajes los que se exhibieron en el cine independiente Ocho y Medio, durante cuatro días

La edición XI –10 años después– trae 21 filmes, entre largometrajes y cortometrajes, que durante diez días se mostrarán en las pantallas de tres locaciones distintas. Un significativo crecimiento desde esa primera edición.

Una trayectoria sostenida 

Mantener un festival que aborda una temática tan específica en Ecuador no es fácil, admiten los cofundadores. Todo el tiempo el Festival ha enfrentado desafíos importantes, especialmente de financiamiento. “Siempre ha sido duro para nosotros –reconoce Ricardo Centeno–, todos los años es como comenzar de nuevo”.

A pesar de haber ganado fondos municipales y de tener el apoyo del Instituto de Fomento de las Artes, Innovación y Creatividades (IFAIC), y del Instituto de Cine y Creación Audiovisual (ICCA), así como de organizaciones sin fines de lucro como la Fundación Pachamama, Cedenma, Acción Ecológica, Amazon Frontlines, WWF Ecuador, WCS y otros, cada año deben gestionar un nuevo presupuesto para costear, no solo las proyecciones, sino también la producción logística para que algunos de los protagonistas, directores, integrantes de comunidades indígenas y otros invitados sean parte de los conversatorios. Porque este es “un espacio para compartir”, dice Guevara.

En el largometraje los jóvenes afro-descendientes e indígenas del Bosque del Chocó en Esmeraldas denuncian una experiencia común de marginalización y contaminación de sus ríos. Fotograma: ECOador.

Obtener el financiamiento es complicado porque “las empresas miden [si vale la pena o no invertir] de acuerdo a la cantidad de audiencia”, explica Centeno. Maribel Guevara explica que al principio mucha gente preguntaba qué es cine ambiental, pero la audiencia ha ido creciendo, las preguntas de los asistentes son cada vez más profundas y demandantes y hay cada vez más gente interesada en este tipo de programación. Guevara atribuye el cambio a que “los temas medioambientales son más conocidos y estamos experimentando las catástrofes que son consecuencia del cambio climático a nivel mundial”. 

Para la audiencia, el festival no tiene costo alguno. Todas las proyecciones son gratuitas y la programación está en su sitio web. Aún así, llenar las salas es siempre un reto. “Usualmente vengo a la Cinemateca una o dos veces al mes y solemos ser cinco pelagatos”, dijo Patricio Reyes, comunicador social, en la proyección de inauguración del Festival. Este es su cuarto año como asistente y está seguro de que continuará siendo parte del público en las próximas ediciones porque se siente testigo de su crecimiento. “Se ve cómo podemos tener una cercanía con la naturaleza más allá de solo apreciarla”. Patricio se encantó en esta edición con el filme Yanuni, la película inaugural

La selección, curaduría y revisión milimétrica de cortos y largometrajes que se presentan en el Festival la hace Maribel Guevara. Ella es quien establece contacto con los directores y propone la participación de sus obras en Ecuador. “Todos me han dicho que sí, no se imaginan que hay un festival así en Ecuador y que pueden presentar sus obras”, confiesa con orgullo.

Algunos criterios de su selección son la relevancia temática, la conexión con Ecuador, la disponibilidad y los subtítulos, el origen latino o ecuatoriano, las películas extranjeras filmadas en Ecuador, entre otros. “No hay forma de que estos directores vengan, hagan estas películas maravillosas y no las muestren aquí”, dice Maribel.

Algunos de los directores ecuatorianos que han pasado por el festival en ediciones anteriores son Gustavo Crespo, Liza Diaz Lalova, Roberto Ochoa y Eriberto Gualinga quien este año presenta el largometraje Queremos nuestra agua, entre otros.

Una pandemia, la incertidumbre y una gran celebración

Durante la pandemia, el Festival enfrentó algunas dificultades, sin embargo, obtuvieron un fondo y lo pudieron hacer en formato virtual. Ricardo Centeno recuerda que habló con el Ministerio de Educación para mostrar las películas a los niños y adolescentes durante la cuarentena, y accedieron. “Fue un año muy duro porque toda la gente estaba acostumbrada al streaming, nadie iba a las salas de cine”. Maribel Guevara añade que tuvieron que “reeducar a la gente para que regrese al cine”, pero que ese fue un impacto a escala mundial. 

La edición 2025, en la que se celebraron los 10 años del Festival, fue particularmente especial. Siete directoras y directores ecuatorianos presentaron sus trabajos y fue la primera vez en la que se entregó premios económicos a la mejor producción. Katherine Paucar, cineasta ecuatoriana, obtuvo el segundo lugar, con su cortometraje El destino de la tortuga, en esa categoría. 

Otros cineastas nacionales que presentaron sus filmes en esa edición fueron Damián Sánchez, con su cortometraje Rana de Cristal; Karina López, con el cortometraje La muerte de un glaciar en el Carihuairazo, que ganó en 2024 el premio Mostrar lo que viven, coorganizado por Radio Francia Internacional (RFI), Planeta Radio y el Instituto francés de Investigaciones para el Desarrollo (IRD), y Diego Benalcázar, con la pieza audiovisual Tiputini: capturando los sonidos de la selva, que explora el cambiante paisaje sonoro de la selva ecuatoriana. La premiación fue “una gran motivación para los jóvenes directores”, coinciden Ricardo y Maribel.

Ricardo Centeno, gestor cultural, productor y creador visual, cofundador del Festival, presentando los premios a las mejores producciones, en 2025. Fotografía: ECOador.

Cumplir 10 años también permitió llevar el Festival, por primera vez, a otras tres ciudades del país: Puyo, en la Amazonía ecuatoriana; Machachi en la Sierra, y la isla Santa Cruz, en Galápagos.

En la isla presentaron las películas Her Shark Story, dirigida por Denis Arqueros e Ignacio Walker; La Tabla de Surfear de Cigarrillos, de Ben Judkins; Viaje de Regreso a Alcedo, sobre una amistad unida por volcanes y tortugas gigantes; Martha, un antiguo documental mudo de la década de 1910, sobre la extinción provocada por las acciones humanas; Precious plastics, de Liza Díaz, que retrata la lucha de la bióloga marina Carolina Proaño por preservar el petrel de Galápagos, una especie endémica en peligro crítico, y Capturados por error, una producción de American Bird Conservancy sobre la pesca incidental –cuando son atrapados animales que no eran el objetivo de la pesca— en las costas ecuatorianas.

Ignacio Walker, director, productor y director de fotografía de Her Shark Story, sintió que fue “un sueño” presentar su documental en Quito y luego en Santa Cruz. “Poder mostrar el documental en pantalla grande a la comunidad que fue parte, ya que el equipo era pequeño y la comunidad local ayudó, fue muy lindo”. La proyección en Puerto Ayora, Santa Cruz, fue tan exitosa que tuvieron que repetir la función porque “quedó gente afuera”, recuerda Walker, y añade que poder estar presente, junto a Sofía Green —la protagonista— y participar en un conversatorio público “cerró el ciclo completo”. 

El cineasta chileno grabó en diferentes locaciones en las islas, entre ellas, la isla Darwin, Puerto Ayora, Tortuga Bay, El Garrapatero y más. La producción tardó cuatro años y contó con el apoyo de un equipo de Chile, Estados Unidos, Ecuador, Hungría e Inglaterra. El documental sigue la historia de Sofía Green, una joven bióloga marina de las islas Galápagos que se reencuentra con su padre ausente, Jonathan, y reconectan por una pasión en común: buscar el tiburón más grande del mundo, el tiburón ballena, para estudiarlo y salvarlo de su extinción.

En la edición X del Festival ECOador, Her Shark Story o Sofía y el tiburón, en español, ganó como mejor largometraje documental internacional. Fotografía: Cortesía Ignacio Walker.

La XI edición 

La XI edición del Festival Internacional de Cine Ambiental ECOador se inauguró con una sala repleta en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el 6 de mayo de 2026. Esta vez, el encuentro presenta 21 filmes –entre largometrajes y cortos– sobre los retos para enfrentar la crisis climática, sus amenazas y consecuencias, pero fundamentalmente sobre las iniciativas resilientes y resistentes que muestran comunidades, nacionalidades y pueblos alrededor del mundo.

Los cortos y largometrajes se exhiben en la Cinemateca de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, el Teatro Capitol y el Yaku-Museo del Agua en Quito. Fotograma: Ecuador 2026.

Para Rafael Barriga, director del Instituto de Cine y Creación Audiovisual (ICCA), tener once ediciones consecutivas es un triunfo, pues “es muy difícil, en el área cultural o en el área cinematográfica, llegar a tener once ediciones de algo, porque este es un país que lamentablemente se va renovando cada tanto con cada gobierno y cada administración”.

La película que abrió el festival fue Yanuni, un documental brasileño del cineasta austríaco Richard Ladkani, coproducido por el actor y productor estadounidense Leonardo DiCaprio. La película sigue la vida cotidiana de Juma Xipaia, lideresa indígena brasileña, quien nos presenta a su familia y nos relata sobre los peligros que corren al proteger su hogar con su incansable lucha.

Otra película que acompaña esta edición es el documental Runa Simi, del cineasta peruano  Augusto Zegarra, en el que narra la historia de Fernando Valencia Saire y su familia al tratar de doblar la película El Rey León, de Disney, al quechua. Fernando Valencia, actor de doblaje radicado en Cusco, Perú, y protagonista de la historia, dice que con Runa Simi busca “regalarles a las comunidades quechuahablantes un poco del entretenimiento al cual la mayor parte de las personas que vivimos en la ciudad tenemos acceso”. 

La película es del año 2025 y dura 81 minutos, su protagonista dice que eligieron doblar El Rey León porque es una película que habla del círculo de la vida. Fotograma: ECOador.

Fernando presentó la película el 9 de mayo en Quito en su primera visita al Ecuador, lo que describió como algo significativo y particularmente especial. “Tuve la oportunidad de hacer una pequeña caminata hacia la montaña Rucu Pichincha y sentir la conexión con las montañas que allá [en Perú] son sagradas y aquí también hacen que uno se sienta más cerca de la tierra, más cerca de la naturaleza”.

Para el actor, es crucial que el encuentro proponga hablar sobre la biodiversidad “que somos nosotros, los seres que habitamos este mundo, este ecosistema”. Además, la acogida por parte del público derivó en varias reacciones compartidas con los elencos invitados. “Las personas nos contaron al salir de la función muchas historias de personas cuyos familiares fueron sacados de Perú y fueron llevados hasta Ecuador por los españoles, por los hacendados, entonces, yo creo que es una manera de integrarnos, de unirnos a este mundo de cultura pop”.

En once años, ECOador ha entretenido, educado e inspirado a más de 30 mil espectadores. Maribel Guevara celebra que el cine sea “una herramienta de construcción masiva, porque no solo es entretenimiento”. El cine documental, en particular, tiene un impacto profundo, pues “todo el mundo sabe que estas son historias reales y eso creo que es lo más importante».

La producción cinematográfica ambiental en Ecuador también ha crecido. Maribel resalta que “en los últimos tres o cuatro años ya tenemos 20 trabajos [de donde seleccionar]” y recuerda que cuando comenzaron a buscar contenidos ambientales ecuatorianos “era como rebuscar en las esquinas más oscuras del país”. Este año, el festival presenta ocho entregas ecuatorianas, incluyendo un largometraje.

Con el Festival, los cofundadores quieren seguir promoviendo espacios de discusión sobre territorio, conservación y desarrollo. Sus metas son “ser más que un evento cinematográfico” y llegar a otras ciudades, dice Maribel. También sueña con “tener invitados de todo el mundo que vengan a compartir experiencias y a impartir cursos donde la gente a la que le interese realmente pueda aprender de expertos”. 

El festival “abre espacios para inspirar y hacer crecer la industria cinematográfica local de Ecuador –complementa Ignacio Walker–, permitiendo que los cineastas ecuatorianos pongan el nombre del país en el mapa (…); el compromiso del equipo del Festival ECOador lo convierte en un evento de primer nivel internacional”.


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