El terremoto que sacudió Colombia en la mañana del 10 de agosto provocó el colapso parcial del Hospital Universitario del Valle (HUV), en Cali. El siniestro de magnitud 7,4 dejó pacientes y acompañantes desaparecidos bajo los escombros. Aún las familias esperan aunque los equipos de rescate comienzan a retirarse.
Por Lisbeth Moya González
A las 20:32 del miércoles 12 de agosto, el teléfono de Héctor Asdrúbal Jaramillo Restrepo volvió a aparecer conectado en WhatsApp.
Para su familia, ese pequeño punto verde es una prueba de vida.
Para los equipos de rescate que estuvieron hasta ese día en el Hospital Universitario del Valle en Cali, Colombia, no necesariamente.
El caso de Héctor Asdrúbal Jaramillo ocurre en medio de una de las emergencias más graves que ha enfrentado el principal hospital público del suroccidente colombiano. El terremoto del 10 de agosto provocó el colapso de tres pisos del bloque 2 del Hospital Universitario del Valle (HUV), donde funcionaban los servicios de pediatría, medicina interna y parte de neonatos. La magnitud de los daños obligó a declarar la alerta roja y a evacuar a más de 600 pacientes hacia los jardines y zonas seguras del complejo hospitalario. Desde las primeras horas posteriores al sismo, las directivas del centro reconocieron que había personas atrapadas bajo los escombros y posibles víctimas mortales.
Cuatro días después del terremoto que derrumbó parte del hospital en que Héctor estaba ingresado, sus hijas siguen sin saber si está bajo los escombros. Han recorrido hospitales, revisado listados de evacuados y escuchado versiones contradictorias, pero a pesar de que los rescatistas han decidido dejar de buscar personas con vida, la pregunta que nadie había logrado responderles es que, si Héctor está muerto, ¿quién sigue usando su teléfono?
Paula Jaramillo, una de sus hijas, explica que su papá estaba hospitalizado desde el 29 de julio. Le habían realizado una cirugía unos días antes del terremoto y se encontraba en recuperación mientras esperaba otros exámenes. El cubículo donde estaba ingresado fue precisamente una de las zonas que colapsó durante el siniestro.
“La última señal que recibimos fue una conexión a WhatsApp registrada el miércoles 12 de agosto a las 20:32 de la noche. Además, el día del terremoto logré comunicarme con mi padre en dos ocasiones: una llamada duró seis segundos y la otra siete. Desde entonces, seguimos aferrándonos a cualquier indicio que nos permita creer que sigue con vida”, dice Vanessa Jaramillo, también hija de Héctor.

Infobae informa que entre las personas que permanecen bajo los escombros en el hospital está un adolescente de 14 años y su madre, una paciente acompañada por su esposo y un hombre recién operado que tenía una traqueostomía. Además de los desaparecidos, el colapso dejó dos personas heridas: una mujer que requirió cirugía de cadera y un joven de 20 años lesionado por la caída de mampostería mientras intentaba evacuar el edificio.
A pesar de la emergencia, el Hospital Universitario del Valle mantiene parte de sus servicios operativos. Según EFE, el terremoto ha dejado al menos 273 fallecidos y 377 desaparecidos, hasta el cierre de esta publicación.
En la tarde del jueves 13 de agosto, solo dos familias permanecían frente a la ruinas del Hospital Universitario del Valle. Junto a la familia Asdrúbal Jaramillo también aguardaba Sarahí Eres, cuya suegra, Nancy Estela López, permanece bajo los escombros junto a su suegro, Ron Cancio.
Sarahí explica que su suegra no era paciente del hospital, sino acompañante de su pareja, que se encontraba ingresado en el centro asistencial. Ambos estaban ubicados en una de las zonas afectadas por el derrumbe. “No sabemos si están vivos. Lo único que sabemos es que estaban en el cuarto piso. Eso nos lo confirmó la coordinadora del piso. Desde entonces estamos esperando respuestas”, dice.
La incertidumbre, asegura, se ha convertido en una carga difícil de sobrellevar para toda la familia. “El no saber nada nos está matando, tanto a los que estamos aquí como a los familiares que no han podido llegar aún”.

Saraí relata que el miércoles los familiares fueron autorizados a ingresar hasta un punto cercano a la estructura colapsada para observar la magnitud de los daños. “Ver la estructura fue muy duro. Está completamente comprometida. No es un derrumbe recto; quedó inclinada, en diagonal. Da la impresión de que cualquier movimiento podría hacer que siga colapsando”.
Explica que tres días después del terremoto, otros familiares se han retirado tras recibir información sobre el fallecimiento de sus seres queridos o por la falta de novedades.
Nancy Estela López es ama de casa. Según su nuera, es una mujer dedicada a su familia y se encontraba acompañando a su pareja durante su hospitalización cuando ocurrió el siniestro.
La comunicación entre los funcionarios del hospital y las familias no ha sido fácil. Paula Jaramillo cuenta que en la noche del miércoles, un funcionario del hospital informó que su padre habría enviado un mensaje pidiendo ayuda a una de sus hijas, pero ellas no han recibido mensajes, sino llamadas que duraban unos segundos y la confirmación de que su padre accede a WhatsApp cada cierto tiempo.
“Ha habido mucha desinformación. Durante días no obtuvimos respuestas claras. Nos dijeron que mi padre estaba en otros lugares, aparecía en listados y luego resultaba ser otra persona. Hemos recorrido hospitales y clínicas buscando información sin éxito”, explica Paula.
El miércoles, poco antes de ver que su padre se había conectado a WhatsApp, la Cruz Roja le informó a la familia de Héctor Asdrúbal que se retiraba de la operación.
“Como seguíamos teniendo señales de supervivencia, buscamos apoyo adicional. Vinieron los topos mexicanos también, pero no encontraron señales de vida y nos dijeron que se necesitaba maquinaria especializada para continuar el trabajo y que vendrían el jueves en la mañana. Las autoridades nos informaron que hoy [miércoles 12] en la tarde vendría un equipo norteamericano de rescate, pero son más de las 5 pm y aún no viene nadie”, explicó Paula Jaramillo.
Minutos después de esta conversación llegaron al lugar rescatistas con perros que buscan vida entre los escombros y simultáneamente Vanesa Jaramillo recibió el siguiente mensaje anónimo:

“Yo trabajo en el HUV. La gestión ha sido muy ineficiente, parece que ocultaran algo, varios trabajadores hemos ingresado hasta donde hemos podido y se ha escuchado ruidos de las personas atrapadas, pero el hospital no hace nada, las búsquedas son intermitentes”.
Los familiares confirman que hay al menos cinco personas desaparecidas que podrían seguir atrapadas bajo los escombros.
Para Daniela Fernández, amiga de las hermanas Paula y Vanesa Jaramillo, es impresionante cómo han mantenido la calma. “Son mujeres muy fuertes, de no ser por ellas los rescatistas hace mucho hubieran abandonado la búsqueda”, dice.
Las hermanas Jaramillo describen a su padre como una persona muy querida en su comunidad.
“Siempre fue alguien dispuesto a ayudar a los demás y por eso muchas personas nos han acompañado y apoyado durante estos días. Lo que más nos duele es pensar que tenía esperanza de recuperarse y volver a casa”.
Héctor es un hombre de tez morena, cabello negro corto y ojos cafés. Tiene 56 años, es trabajador independiente y fue visto por última vez en la camilla número 21 del piso 4 del Hospital Universitario del Valle. Por ahora, Héctor está desaparecido y sus hijas lo nombrarán en presente y solo esperan que las autoridades colombianas y los rescatistas no paren de buscarlo.


