Nunkui, cine shuar desde lo colectivo

“Nunkui” llega a las salas ecuatorianas el 3 de septiembre, después de un estreno mundial en el Festival de Guadalajara y quince años de trabajo junto al pueblo shuar.


Por Ángela Lascano D. / @AngelaILD

Cuando se piensa en el cine, la referencia suele ser la de una superproducción: equipos de cientos de personas, presupuestos ilimitados y cámaras de última generación. Pero el cine también se construye desde otra mirada: en comunidad.

Nunkui, ópera prima de la cineasta ecuatoriana Verenice Benítez, sigue a una joven shuar que descubre su vínculo con Nunkui, el espíritu femenino de la huerta. Sus sueños, la relación con su abuelo —un líder shuar— y los conflictos mineros en la cordillera del Cóndor acompañan su entrada en la adolescencia y la búsqueda de su lugar en el mundo. La película fue rodada íntegramente en territorio shuar y está protagonizada por integrantes de la comunidad Kuamar.

Por eso, una de las particularidades de Nunkui está en su proceso de creación.

De una investigación sobre minería a una película de ficción

En 2011, Benítez llegó a la cordillera del Cóndor para realizar un documental sobre el conflicto minero. En ese momento, el Ecuador se preparaba para la llegada de la minería a cielo abierto con el proyecto minero Mirador, que se iniciaría finalmente el 5 de marzo de 2012, cuando el entonces ministro de Recursos Naturales No Renovables, Wilson Pástor, firmó con la empresa Ecuacorriente S.A. (ECSA) el primer contrato de explotación minera a gran escala del país. Según la cronología realizada por la Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (Inredh), el contrato contemplaba la explotación a cielo abierto de cobre y otros minerales durante 25 años, en aproximadamente 6 000 hectáreas. Inredh denunció en su momento que la concesión y la firma del contrato se realizaron sin consulta ni participación de la comunidad, pese a que la Constitución ecuatoriana reconocía el derecho a la consulta de las comunidades indígenas y la consulta ambiental.

La investigación que Benítez realizaba para hacer el documental la llevó a profundizar en la historia y cultura del pueblo shuar, así como en el funcionamiento de la megaminería en Ecuador, América Latina y otras partes del mundo. El proceso duró dos años y, junto a Donacián Costa, se instruyó en antropología, sociología y filosofía para “comprender a cabalidad la situación”.

En 2013, al regresar al territorio, Benítez tuvo un encuentro con Domingo Ankuash, líder indígena shuar y defensor de derechos humanos. Ankuash ha liderado durante más de tres décadas procesos de defensa del territorio shua frente a los efectos de la actividad minera. Es presidente de la Federación Interprovincial de Centros Shuar del Ecuador (FISCH), cargo cuya presidencia le fue ratificada en 2024.

En ese encuentro, Ankuash dijo que el extractivismo no se limita a la extracción de minerales y a la transformación del territorio, sino que también existe un “extractivismo cultural y visual”. Por eso, tenía interés en que la comunidad pudiera producir sus propios contenidos para decidir qué contar sobre su territorio.

Fotograma de la película Ninkui. Cortesía de Caleidoscopio Cine

A partir de ese interés, Benítez y Ankuash fundaron Etsa-Nantu/Cámara-Shuar, un laboratorio audiovisual comunitario. Benítez aportó materiales, cámaras y formación audiovisual, mientras trabajaban junto a Ankuash y sus aliados en la producción de videos. El acuerdo también abrió el camino para que, paralelamente, trabajaran en una película de ficción.

La película comenzó a tomar forma en los talleres de cine realizados desde 2013 en la comunidad de Kupiamais. Ese proceso permitió a Benítez acercarse a la vida cotidiana y las problemáticas del territorio. Mientras avanzaban los talleres, avanzaba también el guion. La historia comenzó alrededor de Domingo y su familia, pero fue incorporando a otras familias, mujeres y a otras personas. El guion atravesó más de doce versiones antes de llegar a la etapa de producción.

El rodaje, finalmente, se trasladó a Kuamar. La comunidad de Kupiamais decidió no acoger la filmación por un problema interno y Benítez llegó a Kuamar por recomendación del antropólogo francés Gregory Dessoulliere. Allí encontró otro proceso comunitario que resultaría determinante para la película, una experiencia de formación teatral desarrollada durante años mediante talleres basados en la corriente del teatro del oprimido. La formación había involucrado a niños, jóvenes y adultos y había generado una amplia base de trabajo teatral. “Fue increíble poder participar y trabajar con ellos, porque ya ellos estaban listos y preparados para acoger un largometraje”, explica Verenice.

Fotograma de la película Ninkui. Cortesía de Caleidoscopio Cine.

Las constelaciones de los personajes

Para el elenco se realizaron castings y talleres actorales. Domingo Ankuash fue el único que desde el inicio estaba destinado a interpretarse a sí mismo. Para el resto de personajes, Benítez trabajó con actores de la comunidad. La preparación estuvo a cargo de Carlos Fagua Medina, preparador colombiano de actores naturales, es decir, que no tienen formación actoral. 

Durante aproximadamente un año, trabajaron en la construcción de las “constelaciones familiares” de la película. El objetivo de esta metodología es identificar las relaciones que existen entre los personas y las emociones que surgen en esos vínculos. Una persona puede provocar alegría en otro, mientras que la relación con un tercero puede estar atravesada por la ira o el conflicto. Para Benítez, conocer esas relaciones permite profundizar en la psicología de cada personaje antes de llegar al rodaje. En lugar de pedirle a una persona que simplemente “actúe” una emoción determinada, el trabajo consistía en generar situaciones en las que esa emoción pudiera aparecer a partir de la relación con los demás. “Entonces, cuando tú creas esa situación, la emoción se da naturalmente”, explica la directora.

Los talleres incluían situaciones de tensión o conflicto. A partir de ellas, los participantes construían vínculos que luego serían utilizados durante las escenas. El objetivo era trabajar con las características y emociones que ya existían en cada persona, en lugar de convertir a los actores en intérpretes que reprodujeran mecánicamente las instrucciones de la dirección.

Esto no significó abandonar el guión. Benítez explica que cada línea y cada diálogo fueron trabajados previamente. Durante el rodaje se utilizó una forma de improvisación guiada: los actores conocían la situación y algunas frases que debían aparecer, pero podían encontrar sus propias palabras para expresar lo que estaba ocurriendo en la escena. “No era repetir diálogos ni imitar personajes, sino simplemente dejarse llevar por la emoción que estaban sintiendo en esta situación”, dice Benítez.

Fotograma de la película Ninkui. Cortesía de Caleidoscopio Cine.

Nunkui y la huerta

La metodología de trabajo está relacionada también con la forma en que Benítez decidió abordar el conflicto territorial. La película se construye alrededor de Nunkui, el espíritu femenino de la huerta, y de las prácticas de las mujeres vinculadas al cultivo y al cuidado de la familia. “Mi interés fue trabajar desde ahí porque las mujeres, desde su práctica cotidiana del cuidado de la huerta y de alimentar a las familias, están ejerciendo ya una actividad de resistencia, porque para las mujeres la huerta y el territorio son básicos y vitales para vivir”. Desde ahí, la minería aparece como parte del contexto político que atraviesa la historia, pero no como el tema de la película.

Para Benítez, precisamente uno de los desafíos del proyecto fue cómo hablar del conflicto minero sin convertir la película en un alegato. La respuesta estuvo en construir el conflicto desde la experiencia de Nunkui, una niña que atraviesa la adolescencia mientras descubre su relación con su familia, su territorio y el mundo que la rodea. La directora describe este proceso como un coming of age — género que hace referencia al viaje de la infancia a la edad adulta —que está atravesado por una posición social y política: crecer también implica preguntarse qué hacer frente a una situación que afecta al territorio.

La película busca llevar esa discusión más allá de las salas de cine. Benítez plantea que una obra cinematográfica puede partir de lo sensible y, después, generar una conversación política. Por eso, varias de las funciones previstas en Ecuador estarán acompañadas de foros y espacios de diálogo sobre los conflictos mineros y territoriales.

¿Dónde ver Nunkui?

Nunkui llega a las salas ecuatorianas después de su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, donde obtuvo una Mención Honorífica en la competencia de Largometraje Iberoamericano de Ficción. También recibió una Mención Especial del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Mujeres de Dortmund + Köln 2026.

El 3 de septiembre es el estreno. En Quito, la Cinemateca Nacional Ulises Estrella acogerá una función especial a las 18h00, con la participación del equipo de la película, actores y directora. La jornada contará también con la presentación de Inmortal Kultura y Kakaram, agrupaciones responsables del tema musical que acompaña el final del filme.  Ese mismo día, a las 19h00, se realizará otra función especial en la Sala Sur de FLACSO. 

A partir del estreno, Nunkui estará disponible en distintas salas de Quito, Cuenca y Coca, algunas de ellas acompañadas de espacios de encuentro y diálogo con el público. Entre el 4 y el 6 de septiembre, el cine OchoyMedio, en Quito, acogerá funciones seguidas de foros con los colectivos Quito Sin Minería, Comunálisis y Yasunidos. Asimismo, el sábado 5 de septiembre, a las 18h30, la Sala Sur de FLACSO tendrá una función con foro y una presentación de VereTambora.

Después de quince años de investigación y trabajo en territorio, Nunkui llega para poner en discusión la manera en que se construyen las imágenes sobre un pueblo y sobre quienes participan en esa construcción, desde la investigación que dio origen al proyecto hasta la escritura del guion, la preparación de los actores y el rodaje.

Fotograma de la película Ninkui. Cortesía de Caleidoscopio Cine.

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