El Mundial de los más pobres

tinta negra

Por Koya Shugulí

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Con un histórico 2-1 contra Alemania, Ecuador logró clasificarse a los dieciseisavos del Mundial de la FIFA 2026. Todo parecía alegría. Por un momento nos olvidamos de la realidad. Los abrazos, las felicitaciones, las lágrimas, toda esa gran dicha por el mérito de la selección que mostró su lucha en las condiciones más difíciles, la remontada a pesar de las adversidades y el festejo de cada victoria única e irrepetible.

Poco después, todo cambiaría cuando, en un partido muy cuestionado contra la selección de México, la tricolor perdió 2-0 y enseguida regresamos a una realidad de la que pocos quieren hablar. Una selección con jóvenes que alguna vez fueron racializados, que pasan de héroes a villanos de un momento a otro. Al parecer solo merecen respeto cuando juegan fútbol, pero el resto de los días viven en completa invisibilización. De los 26 jugadores convocados a la selección, 10 provienen de la provincia de Esmeraldas. Casi todos son afroecuatorianos y −contrario a su presente− durante toda su vida han tenido que escapar del racismo, la extrema pobreza, la falta de educación y la casi nula oportunidad de construir un futuro mejor.

Hoy, mientras todos vivimos el Mundial de fútbol, en Esmeraldas muere otra persona. Esta provincia está atravesada por el dolor y la delincuencia. Los jóvenes sin oportunidad de un empleo digno no ven otro camino que dedicarse a actividades delictivas y los más chicos son reclutados a corta edad para cometer asesinatos. Hace muy poco tiempo vimos cómo dos de ellos fueron usados como sicarios en el Aeropuerto de Guayaquil, ambos provenientes de sectores marginados por la exclusión social, la falta de acceso a la educación y la pobreza extrema. Los reportes policiales indican que uno de esos menores de edad es huérfano y creció en situación de completo abandono. Apenas tienen 15 y 16 años.

¡Qué diferencia hay entre jóvenes que tuvieron una oportunidad de encontrar en el deporte otra vida, de conquistar sus sueños y de darle alegría al país, frente a la gran mayoría de jóvenes que no lo logra! Pedro Vite, Piero Hincapié y Allan Franco se destacaron como abanderados y escoltas del Pabellón Nacional en sus respectivos colegios. El cambio de una vida condenada a la delincuencia por otra con oportunidades reales es simple: unos sí tuvieron acceso al estudio y otros fueron abandonados a su suerte. Este es el resultado del abandono de un Estado que cada vez más recorta el presupuesto para la educación de los más necesitados.

Esmeraldas es una de las provincias que menos presupuesto e inversión recibe del Estado cuando más se debería invertir en deporte y educación. El gobierno ecuatoriano redujo el 69% de su presupuesto a la Universidad de los Pueblos y Nacionalidades Amawtay Wasi, y ha puesto en vilo a la única universidad intercultural del Ecuador. Las restricciones presupuestarias afectan a más de 2000 estudiantes, de los cuales el 68% son mujeres que provienen, en su mayoría, de estos mismos contextos de pobreza y exclusión.

Las autoridades del gobierno y los asambleístas suben a redes sociales sus fotos en estadios abarrotados, luego de pagar una entrada cuyo precio ronda los 1000 dólares, sin reparar en que los propios jugadores que están ahí vienen de los entornos más crueles y del abandono total del Estado.

Este mundial de fútbol, a pesar de traernos enormes alegrías, nos debe también traer a la memoria la ausencia de gobierno en Ecuador. Estos jóvenes no son solo nuestros hermanos o el motivo de nuestro orgullo. También son seres humanos que vienen de comunidades que aún los necesitan, comunidades que reclaman la revisión de presupuestos que garanticen un desarrollo pleno de la vida de sus habitantes.

Que este mundial no sea el mundial de los más pobres, sino que ubique nuestras prioridades en los contextos más olvidados del país, para brindar el apoyo necesario a los más jóvenes, para devolverles la dignidad y crear oportunidades reales de salir adelante.

El mundial nunca más debe ser el mundial de la pobreza. Debe ser el mundial de las oportunidades. Que los jóvenes no sean más captados por bandas criminales y puedan contar con un Estado que garantice sus derechos. Por ahora ese partido está totalmente perdido. Aún queda mucho para que podamos clasificar a la siguiente fase. Que nuestras prioridades no se nublen y seamos campeones de una sociedad más justa e inclusiva.


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