El Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos o la belleza del arte con conciencia

Por Rommel Aquieta Núñez

No. Este no es un festival de cine cualquiera. El Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos (FICDH) es un encuentro cinematográfico donde se reúnen y proyectan historias de diversos rincones del mundo, capaces de atravesar sus propias fronteras geográficas. 

Nacido en 1997, en Argentina, este festival promovido por el Instituto Multimedia de Derechos Humanos lleva más de 20 ediciones y varias experiencias internacionales que le permitieron posicionar un mecanismo para potenciar la conciencia y el compromiso con la defensa y la promoción de los derechos humanos.

Con una propuesta curatorial que incluye películas producidas en Australia, Suiza, Portugal, Cabo Verde, Argentina, Uruguay y Ecuador, el FICDH llega por primera vez a Quito para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, el 8 de marzo. 

Cuatro largometrajes –películas galardonadas y reconocidas con premios internacionales– se articulan con dos cortometrajes nacionales, como muestra del Festival de Cine Feminista de Ecuador Equis, para ofrecer al público un conjunto de producciones audiovisuales dotadas de una creatividad artística y una narrativa visual potentes.

Con entrada libre y gratuita, desde el miércoles 4 hasta el sábado 7 de marzo, en la Cinemateca Nacional de la Casa de la Cultura, el público podrá disfrutar de películas que nos transportan a realidades y rincones del mundo donde jamás imaginamos llegar, filmes que desde el primer minuto nos llevan a descubrir la historia de mujeres atravesadas por la ancestralidad, la identidad, la desigualdad, la migración, las resistencias, las luchas y la memoria.

La calidad y el reconocimiento

Hanami (2024), dirigida por Denise Fernandes, quien conquistó el premio como mejor directora emergente por esta película en el Festival de Cine de Locarno, en 2024, y Shayda (2023), de Noora Niassari, película australiana seleccionada para competir en los Premios Óscar del mismo año, son dos muestras de la riqueza cinematográfica que el FICDH ha preparado para su edición internacional en Ecuador, con el apoyo de las embajadas de Australia y Suiza, y a través del Círculo Cultural de Suiza en Ecuador (CircuS).

A ellas se suman Sweet As (2022), dirigida por Jub Clerc, quien también desde Australia presenta en pantalla la historia de una joven indígena que encuentra en la fotografía una sensibilidad y un camino para descubrir la fuerza del arte y la mirada, junto a Un mundo recobrado (2025), de Laura Bondarevsky, que por primera vez se estrena en Ecuador, activando la memoria histórica para reconstruir y poner en escena un retrato íntimo de las historias familiares y la militancia política en el exilio.  

Fotograma de la película Hanami (2024)

Producción nacional viva y latente

Mercedes, de la ecuatoriana Martina Jarrín, junto a Vidas en movimiento, soy porque somos, de Daina Talquenca, Dairin López y Rosabel Zerpa, son dos producciones cinematográficas que desde el cortometraje documental y el cortometraje animado, respectivamente, se suman a la programación del FICDH e invitan al público a descubrir nuestras propias historias, y a repensar aquellas búsquedas más íntimas que están siempre girando alrededor de la cultura, la historia y la identidad.

Las dos piezas son parte de un plus especial que se proyecta antes de los largometrajes internacionales, con lo cual el Festival busca entregar a los espectadores una muestra del trabajo cinematográfico que se sigue construyendo en Ecuador, desde procesos creativos que disputan espacios a escala internacional, a través de narrativas y poéticas visuales de alta calidad.

Fotograma del cortometraje animado Vidas en movimiento, soy porque somos (2023).

La invitación está hecha

El festival llega a Quito como una propuesta cultural y artística abierta a los encuentros y a las interrogantes. Su selección de películas invita al espectador a generar un debate y a proponer una reflexión personal sobre las problemáticas sociales, la memoria histórica y los procesos culturales en la región y el mundo. “Buscamos que las películas que elegimos y decidimos mostrar sean un catalizador de preguntas, de llevar nuevas preguntas y problemáticas a la conversación pública”, comenta Leandro Martínez, a propósito de esta edición en Ecuador.

Sin duda, este festival nos invita a descubrir películas que quizá no podamos ver nunca más y a reflexionar con ellas sobre nuestra propia realidad. Así que no queda más que aprovechar la oportunidad. Quizás así al finalizar cada función podamos descubrir que el cine será siempre un mecanismo que nos invite a mirar un poco más allá, en ese espacio que se crea cuando somos capaces de identificar la combinación de la belleza del arte con la fuerza de la conciencia. 

Sala Alfredo Pareja Diezcanseco, sede principal del FICDH en Quito.


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