Por Rommel Aquieta Núñez
Luego de unos minutos de espera para que se reinicie la conexión de internet, aparece del otro lado de la pantalla Leandro Martínez, gestor y productor cultural, quien también es coordinador general del Instituto Multimedia de Derechos Humanos para América Latina y El Caribe, con sede en Buenos Aires, y productor ejecutivo del Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos.
En el fondo se alcanza a ver una habitación de paredes blancas, decoradas con cuadros de vivos colores que hacen juego con un par de estanterías de madera en tonos beige y una ventana que apenas revela su marco. Leandro en primer plano, a través de Zoom, aparece sonriente, relajado y fresco a pesar de ser un poco más de las diez de la noche en Buenos Aires, donde vive y desde donde coordina la inauguración y el desarrollo del Festival que por primera vez llega a Ecuador.
El Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos es un encuentro cinematográfico fundado en Argentina en 1997. Lleva más de dos décadas de mostrar un trabajo comprometido con la promoción de los derechos humanos y suma más de 21 ediciones que incluyen experiencias en otros países de la región como Paraguay, Chile y ahora Ecuador.
¿Cómo el cine puede potenciar la conciencia y el compromiso con la defensa y la promoción de los derechos humanos?
Creo que es algo que a nosotros nos interesa preguntarnos todo el tiempo. La forma en que nosotros mostramos la película, las películas que elegimos y decidimos mostrar, ya sea acá en Argentina, en Ecuador y en los países donde trabajamos también, es que sean justamente un catalizador de preguntas, de llevar nuevas preguntas y problemáticas a la conversación pública.
Nuestras iniciativas son siempre gratuitas, entonces lo que nosotros queremos hacer es concientizar a través de los temas que abordamos en las películas, sobre los grandes temas o problemáticas que está atravesando la región y particularmente nuestros países. Hay muchas cuestiones en común que tienen que ver a veces con el deterioro de la cuestión democrática y de los derechos humanos.
Lo que también intentamos hacer es no mostrar siempre la parte dramática, conflictiva, el punto bajo, sino que las películas que mostramos tengan una mirada propositiva. Mostramos un problema, pero también a quienes están actuando para enfrentarse a ese problema. Hay activistas, hay organizaciones de derechos humanos y hay un montón de personas que están interesadas en activar y generar una respuesta política y social a estos temas y a partir de eso es que las películas para nosotros son un puente para generar estas conversaciones y que la gente conozca nuevas historias.

El festival ha tenido presencia en algunos países de la región, por ejemplo Paraguay, y también estuvo en Chile en 2025. ¿Qué motivó esta primera llegada a Ecuador?
En 2025 tuvimos una edición en Chile, en Santiago, donde trabajamos la temática de memoria y la cuestión indígena. Uno de los aliados que tuvimos en el festival de Chile fue la embajada de Australia, que es representativa tanto en Chile como en Ecuador, y fue la embajada quien nos invitó a hacer una propuesta artística, una propuesta cultural en Ecuador.
Ellos querían apostar a hacer algo por primera vez en el marco del 8M, que para nosotros también es una fecha muy importante. Justamente a raíz de eso, algo que empezó un poco más pequeño, como una proyección especial, lo fuimos pensando como un ciclo, un ciclo temático por el 8M, y la verdad es que tuvimos una muy buena recepción. La Cinemateca Nacional del Ecuador, uno de los espacios más importantes de la difusión del cine a nivel nacional en Ecuador, recibió de forma muy generosa la propuesta, lo que para nosotros fue muy importante porque tiene que ver con que hay una agenda cultural que quiere alojar estos espacios y hay un público e instituciones que están interesadas en promover este tipo de iniciativas para Ecuador.
La programación del festival incluye películas australianas y también producciones de Suiza, Argentina y Uruguay, todas producciones reconocidas e incluso premiadas. ¿Cómo se realizó la selección y qué objetivos persiguen estos trabajos dentro de un festival de cine vinculado a los derechos humanos?
Nuestra propuesta curatorial de películas tiene una selección bastante específica. Nuestro equipo está conformado por personas de Argentina y en este caso también de Ecuador. Lo que hicimos es ver de qué forma nuestra programación y las películas que nosotros tenemos en nuestro archivo son novedosas y pertinentes para la comunidad. La idea no es imponer películas que para nosotros como argentinos puedan estar bien en Ecuador, sino realizar una consulta previa con nuestros colegas en Ecuador y también con otros festivales que están en Quito. Fue una propuesta curatorial compartida. Las películas que estamos mostrando, la mayoría de las que son internacionales, no se mostraron antes en Ecuador ni en la ciudad, entonces para nosotros es un privilegio y algo muy lindo ese gesto de mostrar algo nuevo a la gente, algo que quizás si no es a través de este festival no se muestra en otros circuitos.
Aparte de lo novedoso, buscamos que tenga una calidad artística relevante. La mayoría de las películas son de grandes productoras a nivel internacional, pero también muestran un mensaje muy sensible, no son espectaculares, sino que tienen una mirada cercana sobre los derechos humanos y, como te decía, esta mirada propositiva de que existen problemas, pero también existen soluciones y personas que están trayendo respuestas, que están atravesando estos conflictos, que hay un posible futuro más allá de estos problemas.
La puesta en escena de grandes largometrajes se conjuga mucho con la participación de otros trabajos documentales y cortometrajes como Mercedes, de la ecuatoriana María Jarrín, o Vidas en Movimiento, soy porque somos, de Daiana Talquenca, Dairin López y Rosabel Zerpa, ¿cómo se configuró esta otra parte de la programación?
Para nosotros era muy importante no sólo priorizar la cuestión de la internacionalización de la programación, sino también que el festival sea un espacio y una plataforma donde el cine nacional tenga lugar.
Entonces esta curaduría que hicimos más a nivel internacional se conjuga con estos cortometrajes que son ecuatorianos y que cumplen no solo con una cuota de programación nacional sino también a nivel temático. La programación está atravesando cuestiones de memoria, de migración, de juventud, de violencia de género, y estos cortometrajes nos permiten ampliar ese abanico de temas.
Para nosotros es importante que, si bien el 8M tiene que ver con cuestiones específicas vinculadas al género y a la mujer, dentro de ese gran paraguas hay un montón de temas y quisimos ser lo más abarcativos posibles con la programación.

En este festival hay espacio para la memoria y en Ecuador se va a estrenar Un mundo recobrado,de Laura Bondarevski; si no me equivoco es la primera vez que se proyecta en el país. ¿Qué papel juega la memoria dentro de este compromiso con la promoción y la defensa de los derechos humanos?
Es algo superimportante. Para nosotros como argentinos justo este mes, en marzo, estamos atravesando los 50 años del golpe de Estado. El Festival de Derechos Humanos de Argentina nació en 1997, muy en la posdictadura, y particularmente abordó la cuestión de la memoria en sus primeros años, entonces siempre es un tema muy importante.
Creo que también la memoria siempre está en disputa.A nivel regional, a nivel del Cono Sur, pero también en otros países de América Latina, atravesamos regímenes dictatoriales que no son temas del pasado, sino que de alguna manera están presentes con sus consecuencias en el presente, en la memoria colectiva, en qué películas y en qué narrativas se generan desde las películas para recordar ese pasado y trabajar en un futuro.
También en ver de qué manera esos cortometrajes, largometrajes, películas y documentales están generando debates y de qué forma. Por ejemplo, hablabas de Un mundo recobrado, esta es una película que estrenamos el año pasado en Argentina y es muy sensible, se aleja de los documentales más clásicos para traer una historia muy cercana, personal y que trabaja con el archivo. Entonces te muestra que hay muchas formas de ver la memoria más allá de los grandes relatos o las grandes historias, de una manera un poco más amena, más amable y quizá con historias mucho más pequeñas, pero igual de poderosas que la gran historia que se cuenta en los libros.
El mes internacional de la mujer atraviesa de manera transversal el festival, colocando como centro de gravedad las voces, las resistencias y los derechos de las mujeres. ¿Cuál es el objetivo que persigue la programación en este sentido?
Tiene que ver con esto que te mencionaba de la diversidad. Es muy importante reflejar que cualquier tema, ya sea este, la memoria, el género, la diversidad, la salud o la migración siempre tienen un montón de subtemas dentro de sí. Cuantos más temas podamos abarcar dentro de este tema general que es el género, que es la mujer, siempre será mejor y más rico, siempre generará debates muy interesantes.
Es importante no solo la película que mostramos sino también cómo reacciona el público a eso. Cómo reacciona a mostrar historias de otros países que quizá tienen la cuestión de género muy distinta a como la entendemos nosotros en América Latina, respecto a lo que es la violencia o el avance de los derechos de las mujeres en otros continentes, entonces para nosotros es valiosa la variedad de miradas que puede haber sobre un mismo tema y lo que el público tiene para preguntar y para reaccionar respecto de lo que vio en las salas.

Fundado en Argentina en 1997, este Festival y encuentro cinematográfico tiene ya 29 años de historia y más de 21 ediciones, ¿cuál es la perspectiva para el futuro?
La perspectiva futura del festival también sigue siendo una incógnita para nosotros. Es una buena incógnita la verdad porque año a año lo que intentamos hacer es renovar un poco la propuesta, que, si bien tiene cierta estructura operativa y programática, a nosotros lo que nos importa mucho es todo el tiempo buscar un eje temático nuevo, cada año interesarnos por las problemáticas o los debates más urgentes.
El año pasado abordamos la cuestión de las fronteras, este año estamos abordando la cuestión del derecho a la tierra. Son siempre temas que entran en el gran paraguas de los derechos humanos, pero intentamos ser lo más focales posible respecto a atender un tema porque son todos tan complejos y tan amplios que muchas veces tenemos el temor de abordarlos de una forma genérica.
Hay también una mirada política y social en el festival para enfocarnos en un tema e intentar que ese tema transversal esté presente en todas las películas, en los debates y en las personas que invitamos a formar parte de esos debates y charlas posteriores a la película. Creo que el objetivo es traer a las salas y al festival en cada edición los temas más relevantes para conversar de lo que está pasando en el mundo y en la región.
¿Por qué utilizar precisamente el cine como herramienta para potenciar esa conciencia que se está buscando desde el festival alrededor de la promoción de los derechos humanos?
Nosotros creemos que el cine es una herramienta universal. El cine es un puente, el cine es una respuesta para compartir historias, para crear cohesión social, para difundir culturas, para crear estas nuevas narrativas sobre cómo nos pensamos y pensamos al otro, un otro como una gran comunidad global que tiene siempre distintas perspectivas, distintas opiniones y distintas formas de ver el mundo.
Creemos que el cine es una forma de enlazar esas opiniones, esas perspectivas, esas miradas que siempre están en tensión. Claramente el cine como cualquier herramienta es un espejo y es una forma de mirarnos y en ese mirarnos siempre van a existir disputas, disonancias y complejidades. Justamente esa es la riqueza del lenguaje audiovisual y por eso también el cine es siempre la respuesta para mirarnos y saber mirar a los otros.
Tenemos programación del festival hasta el día sábado, la entrada es gratuita y se puede disfrutar en un espacio muy lindo como la Cinemateca Nacional, ¿por qué los espectadores no tienen que perderse esta selección de películas?
Porque es la primera versión de este festival en Ecuador y porque es un festival que viene a invitar a ver películas nuevas, películas internacionales que nunca se mostraron en Quito. Es también una forma de encontrarnos en las salas y ver qué es lo que el público quiere, encontrar que es un espacio nuevo que podemos generar juntos con el público. Nosotros no venimos a traer respuestas cerradas sino a encontrarnos y preguntar.


