La iniciativa ciudadana gana interés en los habitantes de la capital ecuatoriana y se ofrece como una plataforma para promocionar artistas, emprendimientos comerciales, y para respaldar el trabajo de mujeres recicladoras y artesanas.
Al acercarse su sexta edición, Salsa en la calle ya se constituye en la alternativa para recuperar los vínculos vecinales mediante la toma artística de plazas, calles y parques quiteños, en los que la música y el baile construyen comunidades seguras.
La Fundación Kasa de Kolores es la gestora principal de este proyecto que ya es parte de la respuesta de quienes habitan Quito, frente al clima de inseguridad que se extiende en el país y que el gobierno central no ha sido capaz de contener.
Cuando llegó a Ecuador para hacer investigación y realizar proyectos vinculados al reciclaje, no imaginó que quince años después crearía una iniciativa con la cual un pedazo de Cali –su tierra natal, considerada además la capital mundial de la salsa– encendería con ritmo, son y sabor las calles de Quito.
Salsa en la Calle es, precisamente, el nombre del proyecto que nació para transformar las calles en espacios seguros y llenos de vida en la capital ecuatoriana. La iniciativa surgió en Fundación Kasa de Colores, de la mano de Katherine Muñoz, una caleña y administradora de empresas que lleva más de doce años trabajando en proyectos de emprendimiento sostenibles dentro de lo que ella considera una incubadora de soluciones ambientales.
Desde 2024, Salsa en la Calle lleva ya cinco ediciones enlazando el baile y la alegría con el empoderamiento barrial, la activación de la comunidad y el apoyo a proyectos enfocados en la concienciación sobre la importancia de proteger el medio ambiente.
La toma artística de las avenidas y parques como una nueva forma de habitar la ciudad se sincroniza y fusiona con la salsa, creando un escenario donde se incluyen proyectos liderados por mujeres recicladoras del centro histórico capitalino, diversos emprendimientos y ferias locales e iniciativas sostenidas por el trabajo de mujeres que han vivido violencia de género y se encuentran en situación de vulnerabilidad.
Transformar la calle en un espacio vivo, tomar las avenidas y parques por y para la comunidad, habitar la ciudad con música y respeto, eso y más es Salsa en la Calle.

El proyecto no solo es baile y rumba callejera sino también –y como lo reconoce su fundadora y productora– todo un acto político de regeneración barrial. “Salsa en la calle lo que hace, de una u otra manera. es que nos cuidemos entre todos, que salgamos a buscar el espacio. La salsa genera una vibración de alegría y de diversión que permite que al que está pensando hacer el mal se le olvide y termine bailando. Entonces, es como tratar de contagiar esta buena energía para cuidar espacios que nos llenen y nos alimenten”.
Del Caribe aflora. Bella, encantadora
Salsa es un término que nació para nombrar a un cúmulo de géneros musicales bailables que son el resultado de la combinación y la organización de un conjunto de ritmos cubanos, puertorriqueños y afroamericanos, entre los que destacan el mambo, la guajira, el guaguancó, la guaracha, el chachachá, la bomba, el jazz y hasta el blues.
En El libro de la salsa: crónica de la música del caribe urbano, del escritor y periodista venezolano César Miguel Rondón, se definió a este género como “la expresión de una manera de amar, de odiar, de entender, de sentir, de vivir esa cotidiana tarea de seguir existiendo a la intemperie, llenos de sol, de viento y de mar; de horizontes y de un cielo inmenso, maravillosamente azul, que nos arropa haciéndose presencia o evidencia de nuestra más válida y crédula esperanza: El Caribe”.
En Quito no se puede sentir el mar y la brisa cálida del trópico, pero la ciudad abriga a sus habitantes entre un sol radiante y caluroso, un cielo azul y un viento que, además de soplar, también canta. Katherine encontró en esta ciudad un lugar donde incluir a la salsa como parte de su propio ecosistema. “Analizando mucho los entornos ecuatorianos, cuando comencé a visitar, a moverme y a trabajar, vi cómo la gente se apropiaba de la salsa… era algo que realmente les rehabilitaba, les hacía sonreír. Les hacía reírse de sus penas, les hacía bailar con sus penas”.
Para el equipo de Kasa de Colores, el proyecto tomó forma a partir de ese análisis que parecía tan simple pero que, en el fondo, involucra pensar y construir un espacio donde la cultura, la música, el barrio y el emprendimiento local tengan cabida.
Katherine reconoce que la primera idea que guió el proyecto fue la del servicio, las ganas de brindar algo a la comunidad para reactivarla. Se discutió sobre la capacidad de encuentro que tienen los habitantes de la ciudad, pensando sobre todo en aportar a la erradicación de la inseguridad mediante la recuperación de los espacios de reunión que cada vez se sienten menos frecuentes.


Bailar y disfrutar de la música se convirtió entonces en una buena excusa para discutir temas actuales y de interés para la comunidad. Para ello se dio vida a un segmento dentro del evento principal al que nombraron La descarga, un espacio donde la música se detiene y se abren los micrófonos para que las personas suban al escenario y presenten una propuesta ciudadana que requiere atención, o para que simplemente digan lo que piensan alrededor de cualquier tema que les preocupe.
“Con cada evento intentamos preparar a las personas, responderles sus preguntas. Queremos que cada vez haya más gestores culturales en Quito y que la ciudad se prenda por doquier con este tipo de iniciativas, que no sea solamente idea de unos pocos, que pueden realizarlo comunidades enteras, cabildos o incluso cuatro chicas reunidas que son mejores amigas y que quieran hacer un evento no solo para divertirse”, comenta Katherine.
Siembra, si pretendes recoger. Siembra, si pretendes cosechar
Salsa en la Calle logró –con trabajo colectivo y una organización horizontal– crear un proyecto multigeneracional, donde la exclusión no tiene lugar. A cada una de las ediciones han llegado los más variados públicos. Familias completas, niños, jóvenes, adultos, animales de compañía. Todos son siempre bienvenidos para disfrutar de un espacio cargado de múltiples y variadas actividades. Las calles, avenidas y parques se pueden convertir entonces en un centro de florecimiento de la comunidad.
El proyecto se ha consolidado como un motor de reactivación económica local y de seguridad comunitaria. Desde su segunda hasta su quinta edición, Salsa en la Calle ha albergado más de cien emprendimientos locales y ha reunido a más de una docena de participantes sponsors, con marcas reconocidas como Sinners, Chulpi Urbano o Shibumi.
Junior Córdoba, chef y propietario de Shibumi Sushi Bar, estuvo presente en la última edición que Salsa en la Calle llevó a cabo en el tradicional barrio de Las Casas, el pasado febrero. El punto de encuentro fue el parque Italia, un espacio amplio y acogedor, donde moradores locales y visitantes se reunieron desde las 11h00 hasta las 23h00.
“Nos voló la cabeza a todos los que estuvimos ahí. No esperábamos tanta gente. Nosotros estamos con el Shibumi en Las Casas, a unas cuadras del parque. El día del evento desde el parque Italia hasta Las Casas, que son como unas siete cuadras, estaba completamente lleno de carros, cosa que no ha pasado antes. Era la primera vez que ocurría que tú veías algo así en el sector. Todos nos quedamos maravillados”, cuenta Junior.
Para este chef, que trabaja con productos locales proponiendo creaciones nuevas en base a la experiencia culinaria que obtuvo tras su paso por Japón, Salsa en la Calle fue el canal que le permitió sacar de su zona de confort no solo a sus clientes y a todos aquellos asistentes que disfrutan del sushi, sino también a él mismo. Abandonar su cocina y cambiar de lugar para montar una barra de su comida al aire libre fue toda una experiencia. “Pusimos lo mejor de nosotros, incluso en cuestiones visuales, queríamos que la gente vea que no por ser una feria era algo así nomás. Para nosotros tenía que tener calidad. Entonces, la gente se sorprendió bastante”.
A Junior le gusta la salsa, aunque no se considera muy buen bailador. Recuerda que cuando era niño entraba a la habitación de su padre para ojear su colección de discos de salsa vieja. Para Junior, participar en este evento fue como estar en la playa y disfrutar del sol y la libertad, recordando la música que escuchaba su padre. Confiesa que a veces ensayaba algunos pasos con confianza, al ritmo de la música, mientras atendía sus pedidos. “Pienso que, en una ciudad de concreto, tomarte espacios como los parques (…) es como estar en la playa: libre, sin estrés. Es la playa, diría yo, es lo que en algún momento sentí”.

La calle es una selva de cemento y de fieras salvajes, ¡cómo no!
La salsa viva en las calles de Quito es una imagen que se dibuja a partir de las líneas que marca el baile rápido, enérgico, el juego de pies. O la imagen que refleja el trabajo, el esfuerzo y la entrega de quienes hacen posible que una calle se convierta en una verdadera pista de baile.
El equipo que está detrás de esta iniciativa trabaja sobre líneas estratégicas de colaboración con la intención de sostener proyectos a largo plazo. “Fundación Kasa de Colores alberga un conjunto de emprendimientos que permiten sumar y no soltar. Nuestras recicladoras unidas son las recicladoras del centro histórico que se encargan de la limpieza del evento y también del proceso de reciclaje en un punto que habilitamos con una carpa de recepción para todo el material reciclable que la gente trae de sus casas. Awashamu, nuestro emprendimiento de tejido artesanal, también conformado por mujeres, se encarga además de toda la parte logística de las mesas y los asientos, y así todas las personas que hacen parte de Kasa de Colores son la fuerza operativa, aclara Katherine.








Dar vida a este evento lleva meses de trabajo, esfuerzo y dedicación. Por eso, la organización trató de marcar una periodicidad trimestral para el lanzamiento de cada volumen. En Salsa en la Calle, entidades públicas y privadas se suman para potenciar un trabajo colectivo generando una vinculación empática y respetuosa. Lastimosamente –y como en cualquier iniciativa– siempre hay desafíos en el camino.
El volumen 6 de este proyecto estaba listo para ejecutarse este 18 de abril. El anuncio oficial se realizó los primeros días del mes, a través de redes sociales. Pero a pocos días de la fecha propuesta se comunicó la reprogramación. De acuerdo con el comunicado oficial, el llamado para esta edición fue tan grande que el lugar previsto quedó pequeño y era necesario buscar “un espacio más amplio, seguro y lleno de vida, donde todos pudieran bailar y disfrutar como se merecen”.
Proyectos como Salsa en la Calle son propuestas capaces de convertir las selvas de cemento en campos llenos de vida, alegría, cultura y transformación. “Salsa en la Calle es comunidad, despertar y amor, y como el amor también es bailar, pues entonces también es eso, esa doble significación final”, dice Katherine.
Mientras se alista el anuncio de la próxima edición de Salsa en la calle, los amantes de la salsa en Quito pueden sentirse seguros de que cuentan con una iniciativa que honra nuestras raíces latinoamericanas, que se proyecta al futuro y que nos permite descubrir que la vida puede ser un carnaval y que las penas también pueden desaparecer bailando.


