Waorani, A’í Cofán y Siekopai oficializan la educación propia en la Amazonía

Una delegación de 120 personas de las nacionalidades amazónicas A’í Cofán, Waorani y Siekopai llegó a Quito y marchó en señal de celebración por haber alcanzado el registro de sus Proyectos Educativos Comunitarios (PEC) para oficializar el sistema de educación propia en sus comunidades.

Después de un proceso que se inició en 2019, con el levantamiento de diagnósticos, la instalación de asambleas, talleres, formación docente, construcción curricular y experiencias piloto, las tres nacionalidades sientan un precedente para otras nacionalidades indígenas ecuatorianas.


La Barra Espaciadora

El pasado jueves 10 de septiembre, una delegación de aproximadamente 120 personas de las nacionalidades amazónicas A’í Cofán, Waorani y Siekopai se reunieron en el parque El Arbolito, en el centro norte de Quito, desde muy temprano en la madrugada. Bebieron yoko, una preparación ancestral, y horas después marcharon hacia las instalaciones del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

La jornada fue una celebración por haber logrado la oficialización del sistema de educación propia y el registro de sus Proyectos Educativos Comunitarios (PEC) luego de siete años de un proceso que nació como iniciativa de la Nacionalidad Waorani de Pastaza.

José Atupaña, secretario de Educación Intercultural Bilingüe y Etnoeducación del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, calificó a la jornada de “evento histórico para las tres nacionalidades” y recordó que el 20 de enero de este año se inició “el trabajó técnico, participativo y articulado para analizar, desarrollar y consolidar la propuesta”. El funcionar confirmó que lo que sigue son los procesos de socialización, la aplicación, el monitoreo y la evaluación. “Los compañeros docentes de cada una de las nacionalidades ya tienen que aplicar (…) hoy ya se registró y se oficializó para que los compañeros apliquen de manera responsable en cada una de las instituciones educativas”, dijo a La Barra Espaciadora.

“Hoy hicimos historia, llevamos el conocimiento de nuestros abuelos al papel, construimos una educación propia desde el territorio conversando con los abuelos. Ahora eso va a transformar las aulas, para seguir defendiendo el territorio, los derechos de la naturaleza y los derechos humanos”, dijo Oswando Nenquimo, presidente de la Organización Waorani de Pastaza (OWAP), en rueda de prensa.

Nemonte Nenquimo, líder waorani y pionera en la iniciativa de implementar la educación propia, asegura que este solo es un paso. “Ahora, con este acuerdo necesitamos trabajar para que ejerzan este mismo derecho otros pueblos, para que estructuren su educación propia de acuerdo con cada realidad en sus territorios, y para capacitar a los maestros y maestras propios. Podemos ayudar a otros pueblos para que sigan hablando su idioma y cuidando su territorio”.

Foto: Iván Castaneira.
Foto: Iván Castaneira.

Un esfuerzo de siete años

En abril de 2019, la Nacionalidad Waorani de Pastaza obtuvo una sentencia histórica. El Tribunal de Garantías de esa provincia reconoció la vulneración a los derechos a la consulta previa, libre e informada y a la autodeterminación, frente a la intención del Estado ecuatoriano de explotar petróleo en el llamado Bloque 22, instalado sobre su territorio ancestral. La sentencia −ratificada en noviembre de ese mismo año por la Corte Constitucional− dispuso la protección de alrededor de 500.000 hectáreas y de los habitantes de 16 comunidades de esta nacionalidad amazónica.

Pero con el sabor de esa victoria surgió una preocupación más profunda sobre lo que vendría en el futuro, cuando los líderes mayores ya no estuvieran para encabezar las acciones en defensa de sus tierras y de su cultura. ¿Cómo enfrentarían las generaciones más jóvenes una nueva amenaza por parte de los intereses extractivos?

Para responder a esta inquietud, varios representantes de las comunidades Waorani de Pastaza instalaron una asamblea en la comunidad de Nemonpare. El ya extinto Consejo de Coordinación de la Nacionalidad Waorani de Ecuador-Pastaza (Conconawep), encabezado por la líder waorani Nemonte Nenkimo, incluyó a los ancianos (pikenani, en lengua wao terero) y juntos destacaron la necesidad de reforzar la educación de sus niños, niñas y adolescentes, para que fueran los jóvenes quienes tomaran la posta en la defensa de su patrimonio.

La influencia de la educación occidental “era un problema −recuerda Nemonte Nenquimo, en entrevista con La Barra Espaciadora−, porque luego de hacer un diagnóstico muy profundo, vimos que al contar con profesores que hablaban otro idioma, el castellano, no les entendían los niños más pequeños; estaban en una escuela en la que solo memorizaban lo que venía desde otra cultura y desde otra historia, por eso la preocupación nació desde la resistencia de la población waorani de Pastaza”.

Desde entonces, familias enteras junto a estudiantes y docentes de toda la provincia recorrieron las comunidades, recogieron testimonios, discutieron y reunieron sus primeras conclusiones en un documento titulado Los 100 problemas de la educación Waorani.

Entre los principales desafíos se identificaron la separación de integrantes de las familias wao, el aislamiento de su entorno natural, la pérdida de contacto con los saberes ancestrales y, en suma, el distanciamiento de sus raíces culturales que se profundizó como consecuencia de la implantación de las llamadas Unidades Educativas del Milenio, que fracturaron vínculos tradicionales esenciales, pues respondían a un modelo educativo que concentraba a los estudiantes en un mismo gran espacio cerrado, para impartir conocimientos desde una pedagogía urbanocéntrica.

Foto: Iván Castaneira.
Foto: Iván Castaneira.

Identidad, territorio y saberes propios

En 2020, a pesar de que la pandemia golpeó con dureza a los pueblos amazónicos debido al abandono por parte de las instituciones estatales, la Nacionalidad Waorani de Pastaza logró levantar un segundo diagnóstico. El profesor waorani Gaba Guiquita recorrió las comunidades para comprender las dificultades particulares que cada una de ellas enfrentaba.

Para entonces, los waorani habían conseguido aprobar internamente la primera propuesta de construcción de educación propia y esos esfuerzos se habían convertido en inspiración para otros pueblos amazónicos, así que en 2021, la Nación Siekopai −que habita territorios del nororiente de la Amazonía ecuatoriana, en la provincia de Sucumbíos− inició su propio diagnóstico y creó espacios de discusión para revisar por cuenta propia cómo se estaban llevando a cabo los procesos educativos en sus respectivas comunidades.

En 2022, la Nacionalidad Waorani extendió sus actividades a las comunidades de Daipare y Nemonpare. Instalaron escuelas piloto que incorporaron a mujeres y hombres ancianos en la educación, exploraron nuevos ambientes de aprendizaje así como materiales propios, como la madera, para diseñar sus propias pedagogías.

Rápidamente, la nacionalidad A’i Cofán −que habita territorios del occidente de la provincia de Sucumbíos− levantó también su propio diagnóstico. La comunidad de Sinangoe funcionó como piloto con un enfoque en la revitalización de 12 prácticas culturales propias. Las labores cotidianas, como la elaboración de canastas y el tejido de atarrayas para la pesca se incluyeron en sus procesos educativos.

En el transcurso de los respectivos procesos en cada una de las comunidades, una necesidad común llamó la atención: la pérdida del idioma propio. Los A’í Cofán sentían que su lengua, el a’ingae, se estaba perdiendo. Lo mismo descubrieron los Siekopai, con el paicoca y los Waorani, con el wao terero.

Este fenómeno hizo que se tornara indispensable la participación de los abuelos y abuelas en interacción con las niñas y niños. Así fue que las prácticas derivadas de la cosmovisión y la espiritualidad de cada nacionalidad, los espacios destinados a la ritualidad y al conocimiento de las y los mayores adquirieron un valor renovado.

La primera versión de un currículo en la Nación Siekopai se tituló El tejido multicolor, una alusión al significado de su nombre, que quiere decir gente de colores en paicoca. La propuesta buscaba organizar los aprendizajes de acuerdo con los nueve mundos de la cosmogonía Siekopaai, cumpliendo con el Modelo del Sistema de Educación Intercultural Bilingüe (Moseib), es decir, con la norma constitucional que contempla la educación intercultural pero que no se aplica. “Esos tejidos curriculares nacen de nuestro Moseib y contienen los procesos, unidades de aprendizaje, la filosofía y la metodología que se está aplicando hoy por hoy en las instituciones educativas”, explicó Atupaña.

Luego de innumerables esfuerzos sostenidos por los mismos miembros de cada comunidad y de la OWAP, con apoyo de las organizaciones Alianza Ceibo y Amazon Frontlines, estos pueblos indígenas cumplieron con las etapas de construcción y revisión de sus propuestas. En el proceso participaron también funcionarios del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y de la Vicepresidencia de la República. “El desayuno escolar, el uniforme, los textos, los docentes son responsabilidad del Ministerio de Educación, en trabajo articulado con la Secretaría de Educación Intercultural Bilingüe”, aclaro el secretario Atupaña.

Este registro oficial de sus tejidos curriculares en el sistema educativo nacional −que llega siete años después− representa una victoria histórica y sienta un precedente para otras nacionalidades indígenas en todo el país.

Nemonte Nenquimo reconoció el mérito de los pikenani, pero también el esfuerzo de los jóvenes, de los profesores, de niños y niñas, y llamó la atención sobre el futuro inmediato. “Es la responsabilidad del Estado garantizar la educación intercultural bilingüe −dijo−, nosotros vamos a ser testigos porque este proceso tiene que seguir avanzando en talleres de capacitación docente dentro del territorio de cada una de las nacionalidades, esa es la responsabilidad del Ministerio de Educación”.

Foto: Iván Castaneira.

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